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Cuando Matthew McConaughey pasó 22 días en Perú llamándose Mateo: “Necesitaba poner los pies en la tierra, así que me desconecté”

18 mayo 2026
Publicado hace 3 semanas

La escapada espiritual de Matthew McConaughey que cambió su perspectiva

Matthew McConaughey, el carismático actor tejano de 56 años, ha forjado una carrera brillante con más de 70 títulos cinematográficos y televisivos, coronada por el Oscar al Mejor Actor por su interpretación en Dallas Buyers Club en 2013. Sin embargo, detrás de tres décadas de éxito en Hollywood se esconden momentos de profunda reflexión personal que le han llevado a buscar la autenticidad lejos de los focos.

Durante una reveladora conversación en el podcast No Magic Pill, presentado por Blake Mycoskie, el intérprete ha desvelado uno de los episodios más significativos de su vida: su retiro espiritual de 22 días en Perú tras alcanzar la fama mundial con Tiempo de matar (1996), donde compartió reparto con Sandra Bullock, Samuel L. Jackson y Kevin Spacey.

Mateo: la búsqueda de la identidad perdida

«Necesitaba poner los pies en la tierra. Así que me desconecté completamente», explicaba McConaughey sobre aquella decisión que le llevó a adoptar temporalmente el nombre de Mateo. El actor reconoce que, tras el súbito salto a la fama, se encontró cuestionando la autenticidad de su nueva realidad: «Me preguntaba qué parte de todo esto era real y qué parte era pura mentira».

Esta introspección en tierras peruanas marca el inicio de lo que se convertiría en una filosofía de vida para el actor. McConaughey ha mantenido a lo largo de los años esta necesidad de desconexión periódica, alternando épocas de intensa actividad profesional con retiros que le permiten reconectar consigo mismo. Su enfoque holístico de la vida, que combina espiritualidad, filosofía personal y un profundo respeto por la naturaleza, se ha convertido en una seña de identidad que trasciende su carrera artística.

El actor, conocido tanto por su versatilidad interpretativa como por su particular visión de la vida, continúa aplicando estas lecciones aprendidas en Perú. Su capacidad para reinventarse artísticamente, pasando de comedias románticas a dramas intensos, refleja esa búsqueda constante de autenticidad que inició durante aquellos 22 días transformadores en Sudamérica.