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Adam McKay no entró en Saturday Night Live por su talento como actor. Los productores rechazaron su audición en 1995 pero le ofrecieron un hueco en la sala de guionistas porque sus textos tenían una agresividad cómica inusual. En tres años ya era el guionista jefe del programa.
Allí coincidió con Will Ferrell y esa alianza definió la comedia estadounidense de la primera década del siglo veintiuno. Juntos fundaron Gary Sanchez Productions. Su primer gran golpe fue Anchorman: The Legend of Ron Burgundy en 2004.
Parecía cine de consumo rápido.
Pero bajo los chistes de sal gorda sobre periodistas machistas había una disección ácida de la estupidez corporativa. McKay utilizaba el absurdo para reírse de las estructuras de poder de su país. Repitió la fórmula con Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby en 2006 y Step Brothers en 2008.
Y la jugada le salió bien.
El mundo financiero saltó por los aires en 2008 y McKay decidió que ya no quería filmar a hombres disfrazados haciendo el tonto. En 2015 estrenó The Big Short. Fue un movimiento arriesgado porque el guion trataba sobre las hipotecas subprime y el colapso económico global.
Utilizó a celebridades explicando conceptos bancarios complejos desde una bañera para que el espectador no se durmiera. La película funcionó en taquilla y le valió el Oscar al mejor guion adaptado. La cinta recaudó 133 millones de dólares frente a un presupuesto moderado.
La ruptura con su pasado fue total en 2019. McKay y Will Ferrell disolvieron su productora y su amistad tras casi veinticinco años de colaboración estrecha. El motivo fue una disputa por el reparto de la serie Winning Time: The Rise of the Lakers Dynasty. McKay eligió a John C. Reilly para un papel que Ferrell deseaba y la relación se rompió por teléfono.
Nunca volvieron a trabajar juntos.
En 2018 dirigió Vice para retratar el ascenso al poder de Dick Cheney. Christian Bale tuvo que ganar veinte kilos y someterse a sesiones de maquillaje de cinco horas diarias para el rodaje. McKay ya no buscaba la carcajada sino la indignación del público ante la manipulación política.
Su cine se volvió más oscuro y directo. En 2021 estrenó Don’t Look Up en una plataforma de streaming. La película utilizaba la caída de un meteorito como metáfora de la inacción ante el cambio climático. Logró 360 millones de horas de visualización en sus primeros veintiocho días en catálogo.
McKay padece una arritmia cardíaca que le obligó a replantearse su ritmo de trabajo tras sufrir un ataque al corazón durante el montaje de una de sus películas. Eso no frenó su activismo. En 2023 anunció que reorientaba su productora Hyperobject Industries para centrarse casi exclusivamente en proyectos sobre la crisis medioambiental.
En 2024 el director empezó a dar forma a un guion sobre la corrupción en el sistema de salud estadounidense. El presupuesto estimado para su siguiente producción supera los 80 millones de dólares sin contar gastos de publicidad.
Cosas que posiblemente no sabías de Adam McKay




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