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Alain Resnais empezó a rodar en 16mm a los catorce años. No buscaba capturar la realidad sino reconstruirla a través de un control obsesivo del ritmo y la edición. Sus primeros trabajos documentales ya avisaban de que su mirada no iba a ser cómoda para el espectador medio de la posguerra.
En 1955 estrena Nuit et Brouillard. Es un encargo sobre los campos de concentración nazis que huye del sentimentalismo para centrarse en la frialdad de la arquitectura del horror. Pero lo que realmente impacta es cómo alterna el color con el blanco y negro para hablar del olvido. La memoria es el gran tema de su filmografía y aquí la disecciona con una precisión casi quirúrgica.
Nunca le interesó la realidad lineal.
Cuatro años más tarde presenta Hiroshima mon amour en el Festival de Cannes. El guion de Marguerite Duras y la dirección de Resnais pulverizan la estructura narrativa tradicional. La película mezcla el trauma atómico con una historia de amor fugaz en una coreografía de saltos temporales que desconcertó a la crítica de la época.
Y la apuesta funcionó.
Resnais se desmarca de sus compañeros de la Nouvelle Vague al integrarse en el grupo de la Rive Gauche. Mientras otros buscaban la espontaneidad de la cámara al hombro él prefería el rigor formal y la colaboración con escritores experimentales. Porque para este director el cine era un lenguaje que debía aprender de la literatura y la música.
En 1961 llega L’Année dernière à Marienbad. Es un rompecabezas visual rodado en un hotel de lujo donde los personajes parecen estatuas atrapadas en un bucle de recuerdos dudosos. No hay una explicación lógica para lo que sucede en pantalla. El espectador debe aceptar el juego o abandonar la sala porque Resnais se niega a dar respuestas masticadas.
Durante la década de los setenta y ochenta su estilo se vuelve más sofisticado pero menos hermético. En 1977 rueda Providence que es su primera película en inglés y un estudio fascinante sobre el proceso creativo de un escritor moribundo. Aquí el montaje sirve para mostrar cómo la imaginación deforma la realidad de los familiares del protagonista.
Pero su carrera da un giro hacia lo lúdico en los noventa.
Con On connaît la chanson en 1997 logra un éxito de taquilla inesperado usando canciones populares francesas que los actores doblan en momentos de tensión emocional. Es una comedia de enredo que esconde una melancolía profunda sobre la soledad urbana. La película ganó siete premios César y demostró que su cine podía ser intelectual y popular al mismo tiempo.
A pesar de su edad avanzada mantuvo una energía de trabajo envidiable. En 2006 dirige Cœurs donde utiliza la nieve artificial como un elemento dramático que aísla a sus personajes en un París desolado. Sus rodajes eran famosos por la fidelidad de su equipo técnico y un grupo de actores recurrentes que entendían sus códigos visuales.
En 2014 presentó Aimer, boire et chanter en el Festival de Berlín donde recibió el premio Alfred Bauer. La cinta es una adaptación teatral que juega con decorados de cartón y dibujos de cómic para subrayar la artificialidad del arte. Resnais murió en París el 1 de marzo de 2014 a los 91 años mientras trabajaba en el guion de su siguiente proyecto.
Cosas que posiblemente no sabías de Alain Resnais




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