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Alan Mowbray desembarcó en Nueva York con poco más de cincuenta dólares en el bolsillo tras sobrevivir a las trincheras de la Gran Guerra. Era 1923 y aquel joven londinense traía consigo una medalla al valor pero ninguna garantía de éxito en los escenarios americanos. Empezó recorriendo compañías de teatro itinerantes por todo el país.
Y funcionó.
En 1931 consiguió su primer papel relevante en el cine con la película Alexander Hamilton. Su planta aristocrática y su dicción británica impecable le abrieron las puertas de los grandes estudios de la época. Pero Mowbray no quería ser solo una cara bonita en la pantalla.
Fue un actor de oficio puro.
En 1933 la industria del cine trataba a los intérpretes como piezas intercambiables sin derechos básicos. Mowbray decidió que aquello debía terminar y financió de sus propios ahorros las primeras reuniones de lo que terminaría siendo el Screen Actors Guild. Fue el primer socio oficial del sindicato con el carné número uno grabado en su ficha profesional.
Arriesgó su posición en un momento donde cualquier intento de sindicación significaba acabar en una lista negra. Pero los productores necesitaban su presencia física para dar empaque a sus historias. Así que su carrera no sufrió el boicot que muchos esperaban.
Su capacidad para el drama se transformó pronto en una habilidad innata para la comedia sofisticada. En 1936 participó en My Man Godfrey donde demostró que podía ser el contrapunto perfecto para las grandes estrellas del sistema de estudios. Porque Mowbray entendía que el secreto del cine estaba en los secundarios.
Su filmografía acumuló más de cuatrocientas apariciones a lo largo de cuatro décadas de actividad constante. En 1937 rodó Topper interpretando a un mayordomo que se convirtió en el estándar del género para los años venideros. Casi siempre le daban papeles de hombres estirados o de criados que eran mucho más inteligentes que sus amos.
Trabajó con John Ford en el año 1950 para la película Wagon Master donde dio vida a un vendedor de elixires de dudosa procedencia. Aquel papel se alejaba de su imagen habitual de caballero inglés pero mantenía esa ironía que lo hacía reconocible entre el público. Nunca necesitó encabezar los carteles para ser el motor de la trama.
Nunca dejó de trabajar.
A finales de la década de los cincuenta se adaptó al nuevo medio y participó en series de televisión como The Mickey Rooney Show. En 1954 aceptó el papel de Stewart MacDuff en la comedia The Duke para la cadena NBC. Mantuvo su residencia en California hasta sus últimos días alejado de los grandes escándalos de la prensa rosa.
Falleció en marzo de 1969 en la ciudad de Hollywood a causa de un fallo cardíaco. Su certificado de defunción indica que fue enterrado en el cementerio de Holy Cross en Culver City. Dejó una herencia valorada en 12.000 dólares en activos líquidos según los registros testamentarios de ese periodo.
Cosas que posiblemente no sabías de Alan Mowbray




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Película
material archivo
01/01/1984


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