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Anita Ekberg llegó a Estados Unidos en 1951 tras ganar el certamen de Miss Suecia sin hablar una palabra de inglés. Howard Hughes la quería en su nómina de futuras estrellas y le propuso matrimonio casi al bajar del avión. Ella dijo que no porque no buscaba un marido con avión privado sino un sueldo propio.
En sus primeros años en California la productora Universal la utilizó como reclamo visual en comedias de poca monta. Trabajó con Jerry Lewis y Dean Martin en Artistas y modelos durante 1955. Allí demostró que tenía un ritmo cómico que nadie en los despachos de Hollywood quería explotar de verdad.
Y el mito devoró a la actriz antes de tiempo.
Ganó un Globo de Oro a la mejor actriz revelación en 1956 por su papel en Callejón sangriento junto a John Wayne. Pero la industria norteamericana solo veía en ella una estructura ósea perfecta y unas curvas que desafiaban la censura de la época. Aquel encasillamiento la empujó a cruzar el charco de vuelta para probar suerte en los estudios Cinecittà.
En 1960 Federico Fellini la llamó para rodar una secuencia que cambiaría la historia del celuloide. El baño nocturno en la Fontana de Trevi para La dolce vita se grabó durante una semana de enero con temperaturas gélidas. Marcello Mastroianni necesitó una botella de vodka y un traje de neopreno bajo la ropa para aguantar el frío.
Ekberg permaneció horas bajo el chorro de agua sin quejarse ni una sola vez.
Aquel rodaje en Roma la convirtió en la mujer más deseada del planeta pero también le puso una soga al cuello profesional. Tras el estreno de la película ya nadie la llamaba para interpretar personajes con matices. Solo querían que fuera la encarnación de la tentación rubia en producciones como Boccaccio 70 de 1962.
Pero el dinero no duró siempre y las malas inversiones empezaron a pasar factura.
Se casó y se divorció dos veces. Sus matrimonios con Anthony Steel y Rik Van Nutter fueron carne de tabloide y terminaron en procesos judiciales agotadores. En Italia se sentía en casa pero la industria italiana es traicionera cuando las actrices cumplen los cuarenta años.
Durante los años setenta su presencia en pantalla se volvió residual. Participó en películas de serie B y producciones europeas de bajo presupuesto que no hacían justicia a su talento. En 1987 Fellini volvió a rescatarla para Intervista donde se interpretaba a sí misma en un ejercicio de nostalgia cruel.
El cine la olvidó mucho antes que los fotógrafos.
En 2011 la situación financiera de Ekberg era crítica tras el incendio de su casa en Roma. La actriz tuvo que solicitar ayuda económica a la Fundación Fellini porque no tenía fondos para pagar su estancia en una residencia de ancianos. Vivía con menos de mil euros al mes en una situación de precariedad absoluta.
Pasó sus últimos meses postrada en una silla de ruedas tras romperse la cadera en una caída doméstica. Anita Ekberg murió la mañana del 11 de enero de 2015 en una clínica de Rocca di Papa. Su herencia se repartió entre unos primos lejanos en Suecia con los que apenas mantenía contacto y una asociación local de ayuda a los animales.
Cosas que posiblemente no sabías de Anita Ekberg




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