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Ann Doran nunca buscó el primer cartel. A los cuatro años ya merodeaba por los platós del cine mudo y para cuando el sonido llegó a Hollywood ella ya sabía cómo moverse frente a una cámara de manivela. No le importaba el anonimato mientras hubiera un sueldo y un guion sobre la mesa.
Rodó más de quinientas películas y episodios de televisión a lo largo de ocho décadas. Es una cifra que marea a cualquier agente de la industria. Pero para Doran era simplemente su oficio diario.
Y lo consiguió sin ser una estrella.
Durante los años treinta funcionó como una pieza fundamental para directores que buscaban solvencia por encima de belleza. Frank Capra la llamó para You Can’t Take It with You en 1938 y repitió con ella en Mr. Smith Goes to Washington un año después. Doran aportaba una naturalidad que no se enseñaba en las escuelas de interpretación de la época.
A menudo sus personajes ni siquiera tenían nombre en los créditos. Podía ser la secretaria, la vecina o la enfermera que entregaba un informe médico. Pero su presencia en pantalla siempre anclaba la escena a la realidad porque evitaba los gestos exagerados del teatro clásico.
En 1947 participó en Magic Town y demostró que podía aguantar el tipo frente a James Stewart sin despeinarse. Así que los estudios empezaron a ver en ella a la mujer media americana. Era esa cara familiar que el público reconocía de algún sitio aunque no lograra recordar su apellido.
Trabajaba por pura acumulación.
El punto de ruptura en su visibilidad pública ocurrió en 1955 con el estreno de Rebel Without a Cause. Nicholas Ray le encargó el papel de la madre de Jim Stark, el personaje de James Dean. Fue una interpretación seca y dominante que rompió con la imagen de la madre dulce de la posguerra.
Doran construyó a una mujer que anulaba a su marido y asfixiaba a su hijo. Ese papel le otorgó una identidad definitiva ante la crítica neoyorquina. Pero ella no cambió su método de trabajo por recibir mejores reseñas y siguió aceptando papeles secundarios en cualquier género que se le pusiera por delante.
Pasó del drama social al western sin cambiar de peluquero. En 1958 rodó The Rawhide Trail y poco después se sumergió en el cine de terror de bajo presupuesto. Porque para Ann Doran el cine era una industria de fichar a las ocho de la mañana y marcharse a casa con el trabajo bien hecho.
Cuando el cine empezó a perder terreno frente a la televisión ella fue de las primeras en saltar al nuevo medio. Participó en series como The Legend of Jesse James entre 1965 y 1966. Su rostro entró en los salones de todo el país de forma semanal y constante.
Nunca se retiró oficialmente.
En 1971 se unió al reparto de Longstreet para interpretar a la señora Kingston. Seguía manteniendo esa mirada directa y esa voz que no temblaba ante los focos. Pero el ritmo de la industria cambió y ella se adaptó a las producciones de los años ochenta con la misma calma que mostró en el mudo.
Su última aparición acreditada fue en la película de animación Cats Don’t Dance en 1997 donde prestó su voz. Murió el 19 de septiembre de 2000 en Carmichael, California, a los ochenta y ocho años. Dejó toda su herencia al Motion Picture & Television Fund para ayudar a otros actores que no tuvieron su suerte con los contratos.
Cosas que posiblemente no sabías de Ann Doran




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Película
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14/02/1986


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27/09/1985


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19/09/1984


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03/10/1983


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23/01/1983


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25/03/1982


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21/12/1981


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30/11/1981


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24/11/1981


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