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Anne Francis no necesitó manuales de interpretación para entender que su físico sería su mejor herramienta y, a la vez, su mayor obstáculo. A los cinco años ya posaba para catálogos comerciales y antes de cumplir los doce ya prestaba su voz a seriales radiofónicos en Nueva York. Tenía esa belleza de porcelana que los estudios de Hollywood buscaban con desesperación en los años cincuenta.
En 1956 se plantó en el set de Planeta Prohibido con un vestuario que puso nerviosos a los censores de la época. Aquella minifalda diseñada por Helen Rose no era solo una elección estética. Representaba la primera vez que una mujer mostraba tanta pierna en una superproducción de ciencia ficción sin que el guion la castigara por ello.
Pero la actriz no quería ser solo un adorno galáctico.
Trabajó bajo las órdenes de John Sturges en Conspiración de silencio y compartió plano con Spencer Tracy. Fue en ese rodaje donde aprendió que el silencio ante la cámara comunica más que cualquier grito. MGM intentó moldearla como la siguiente gran rubia del estudio pero ella prefería la libertad de los contratos por obra.
La televisión le dio en 1965 el papel que la sacó del circuito de secundarias de lujo. Se puso en la piel de Honey West y las reglas del juego cambiaron para siempre en la pequeña pantalla. Fue la primera mujer en protagonizar una serie de detectives con nombre propio y no como secretaria del héroe de turno.
Y la apuesta funcionó.
Ganó un Globo de Oro por ese trabajo y pasó a ser un referente de estilo con su ocelote amaestrado y su pericia con el judo. La serie solo duró una temporada de treinta episodios porque los costes de producción eran inasumibles para la cadena ABC. Cada capítulo costaba una pequeña fortuna para los estándares de mediados de la década.
A partir de ahí su carrera se movió en una rotación constante por episodios de The Twilight Zone o Se ha escrito un crimen.
Nunca le faltó el sueldo.
Pero Hollywood suele olvidar rápido a quienes no se mantienen en la primera línea de las marquesinas de los cines. Escribió sus memorias en 1982 bajo el título Voices from Home para purgar los demonios de una industria que la trató como un producto de consumo rápido.
Vivió sus últimas décadas alejada de las alfombras rojas de Los Ángeles. Se instaló en Santa Bárbara y dedicó gran parte de su tiempo a la meditación y a la escritura. No buscaba el aplauso de las nuevas generaciones de críticos porque sabía que su trabajo en el cine de estudio ya estaba hecho.
En 2007 le diagnosticaron un cáncer de pulmón que marcó el inicio de un proceso físico agotador. Se sometió a una cirugía y a sesiones de quimioterapia pero la enfermedad reapareció con fuerza un par de años más tarde.
Anne Francis murió el 2 de enero de 2011 en una residencia de Santa Bárbara por complicaciones derivadas de un cáncer de páncreas a los 80 años.
Cosas que posiblemente no sabías de Anne Francis




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