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Audrey Landers llegó al rancho de Southfork con una maleta llena de ambición y un contrato que apenas cubría unos pocos episodios.
Era 1981. Su personaje, Afton Cooper, debía ser una simple distracción en las tramas de Dallas, pero el público reaccionó de forma inesperada ante esa mezcla de vulnerabilidad y voz sedosa. Y se quedó ocho temporadas.
La televisión de la época exigía perfiles muy específicos. Landers encajaba en el canon de belleza rubia de California, aunque su formación venía del teatro neoyorquino y de las telenovelas matinales de la Costa Este. Antes de rodar en el set de los Ewing ya había pasado por The Secret Storm y Somerset.
La música siempre mandó en su contrato.
Mientras los espectadores estadounidenses la seguían por sus idas y venidas con Cliff Barnes, en Europa su carrera tomó un rumbo distinto. En 1983 lanzó el single Manuel Goodbye y el éxito fue fulminante.
Llegó al número uno en las listas de Alemania, Bélgica y los Países Bajos. Pero lo curioso es que muchos de sus compañeros de rodaje en el set de Dallas no tenían ni idea de que ella era una estrella del pop que llenaba pabellones en el viejo continente. Consiguió diez discos de oro y platino sin hacer ruido en su propio país.
Grabó más de una decena de álbumes durante los años ochenta y noventa. Sus giras por Europa central eran constantes porque allí el público valoraba su capacidad para componer sus propios temas, algo poco habitual en las actrices que daban el salto al micrófono por puro marketing.
En 1985 tuvo la oportunidad de demostrar su talento en el cine con la adaptación de A Chorus Line dirigida por Richard Attenborough. Interpretó a Val, la bailarina que cantaba sobre las bondades de la cirugía estética en el número Dance: Ten; Looks: Three. Fue su gran momento en la gran pantalla.
Pero Hollywood es un lugar extraño y las ofertas de cine nunca superaron la estabilidad económica que le daba la televisión y la industria discográfica alemana.
A mediados de los noventa entendió que el control creativo era la única forma de no desaparecer del mapa. Fundó Landers Productions con su madre Ruth y su hermana Judy para generar sus propios contenidos y no depender de los directores de casting.
Y la apuesta funcionó.
En 1995 lanzaron The Huggabug Club, un espacio educativo para niños donde ella componía todas las canciones y supervisaba los guiones. El programa se mantuvo en antena durante años en la televisión pública estadounidense y le permitió construir un patrimonio sólido lejos de los focos de los grandes estrenos.
Landers nunca dejó de trabajar. En 2013 retomó su papel de Afton Cooper en el regreso de Dallas producido por TNT para dar una conclusión a su historia con el clan Ewing. Fue un ejercicio de nostalgia técnica bien ejecutado.
En 2022 grabó la película navideña Cloudy with a Chance of Christmas y en 2023 se incorporó al reparto de la serie diaria The Bold and the Beautiful. Sigue gestionando su marca personal desde Florida, donde reside habitualmente.
Su catálogo musical supera las 600 canciones registradas bajo su nombre.
Cosas que posiblemente no sabías de Audrey Landers




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