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Audrey Tautou nunca planeó que su rostro terminara en las tazas de desayuno de medio planeta. Estudiaba literatura moderna en el Instituto Católico de París y se apuntó a clases de interpretación solo para combatir su timidez. En 1999 consiguió un papel secundario en Venus salón de belleza y terminó ganando el premio César a la mejor actriz revelación.
Y la apuesta funcionó.
Aquel reconocimiento temprano no la lanzó de inmediato a las grandes producciones. Tautou prefería moverse en el cine de autor francés con presupuestos modestos. Pero en 2001 todo cambió cuando Jean-Pierre Jeunet la eligió para protagonizar Amélie tras ver su foto en un cartel de cine.
La película recaudó 174 millones de dólares a nivel global con un presupuesto que apenas rozaba los diez millones. Aquella historia sobre una camarera de Montmartre saturó las salas de cine y convirtió a la actriz en un producto de consumo masivo. Ella respondió a la presión comprándose una cámara de fotos para retratar a los periodistas que la entrevistaban.
Hollywood intentó asimilarla tras el fenómeno francés pero se encontró con un muro de indiferencia. Tautou rechazó decenas de guiones estadounidenses porque no quería mudarse a California ni perder el control sobre su vida privada. Solo aceptó participar en El código Da Vinci en 2006 para trabajar junto a Tom Hanks y entender cómo funcionaba una superproducción desde dentro.
Pero ella prefería el anonimato.
En 2009 asumió el reto de interpretar a la diseñadora más famosa de Francia en Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel. La crítica destacó su capacidad para transmitir dureza sin necesidad de grandes gestos dramáticos. El rodaje exigió una precisión técnica absoluta para replicar las posturas de la costurera y Tautou pasó meses estudiando archivos gráficos originales.
Durante esa etapa decidió que su carrera no sería una acumulación de títulos anuales. Empezó a espaciar sus apariciones en pantalla para dedicarse a la navegación y a la escritura. En 2013 trabajó con Michel Gondry en L’Écume des jours y en 2016 interpretó a la esposa de Jacques Cousteau en L’Odyssée.
En 2018 la actriz tomó una decisión drástica y se alejó por completo de los sets de rodaje. No hubo comunicados de prensa ni despedidas dramáticas en redes sociales. Simplemente dejó de aceptar guiones para centrarse en la crianza de su hija y en su faceta como fotógrafa artística.
Pasaron cinco años de ausencia total.
En 2023 rompió su retiro para poner voz a la protagonista de la película de animación Nina y el secreto del erizo. Fue un regreso técnico, sin alfombras rojas, centrado exclusivamente en el trabajo de doblaje en estudio. La producción utilizó una técnica de dibujo tradicional sobre fondos pintados a mano que requería una sincronización vocal milimétrica.
La película se estrenó en el Festival de Annecy con una duración exacta de 77 minutos.
Cosas que posiblemente no sabías de Audrey Tautou




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