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Si hay una cara ahora mismo que sea capaz de inquietarte y fascinarte a partes iguales, esa es la de Barry Keoghan. No tiene el perfil de galán clásico que suele fabricar la industria a churros, pero le sobra ese magnetismo crudo de quien ha pateado mucha calle antes de pisar una alfombra roja. Barry nació en un barrio complicado de Dublín y pasó por trece casas de acogida tras perder a su madre, una mochila vital que se nota en cada mirada que lanza a cámara porque tiene una verdad que no se aprende en ninguna escuela de interpretación de élite.
Sus inicios en Dunkerque o El sacrificio de un ciervo sagrado ya nos avisaron de que estábamos ante alguien distinto, un actor que se siente cómodo en la incomodidad y que prefiere los personajes rotos a los héroes de manual. Pero fue su papel en Almas en pena de Inisherin el que le puso el cartel de intocable, dándole una nominación al Oscar y demostrando que puede romperte el corazón con la sencillez de un chico que solo busca un poco de cariño en una isla remota.
Lo que pasó con Saltburn ya es historia de la cultura pop reciente, porque de repente Barry estaba en todas partes y esa escena final al ritmo de Sophie Ellis-Bextor se convirtió en un fenómeno que nadie vio venir. Esa capacidad para resultar perturbador y magnético es su mayor baza, algo que ha sabido explotar para meterse en la piel del Joker dentro del universo de The Batman, donde con apenas unos minutos de metraje ya dejó claro que su versión del villano va a dar mucho que hablar en las secuelas dirigidas por Matt Reeves.
No se ha quedado estancado en el cine de autor más denso, aunque le encanta trabajar con directores con sello propio como Andrea Arnold en Bird, donde vuelve a demostrar que se mueve como nadie en los márgenes de la sociedad. Su carrera es un equilibrio constante entre el cine de prestigio y los grandes taquillazos, saltando de historias íntimas a proyectos de una escala brutal sin despeinarse ni perder esa esencia de tipo normal que sigue yendo al gimnasio de boxeo en su barrio de siempre.
El nombre de Barry no deja de sonar en los despachos más importantes de la industria y su fichaje para la película de Peaky Blinders ha sido el movimiento maestro que todos esperábamos. Verle compartir pantalla con Cillian Murphy en el cierre de la saga de los Shelby es un regalo para cualquiera que disfrute del buen cine británico, sobre todo porque ambos comparten esa intensidad eléctrica que traspasa la pantalla. Además, tiene pendiente el estreno de Crime 101 junto a Chris Hemsworth, una apuesta por el thriller de atracos que promete ser uno de los bombazos de la temporada.
Lo mejor de Keoghan es que nunca sabes por dónde va a salir, ya sea protagonizando un biopic sobre los Bee Gees o metiéndose en proyectos experimentales con artistas como The Weeknd. Se ha convertido en ese actor que justifica por sí solo el precio de la entrada, un tipo que ha sabido darle la vuelta a un destino que no pintaba nada bien para acabar siendo el dueño de su propia carrera. Si te cruzas con su nombre en los créditos de una película, quédate a verla, porque lo más probable es que Barry te acabe volando la cabeza una vez más.
Cosas que posiblemente no sabías de Barry Keoghan




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