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Joel Schumacher buscaba a un chico con calle y una mirada que no fuera de plástico. En 1993 el director mandó a su equipo de casting a recorrer escuelas y centros comunitarios del sur de Estados Unidos. Querían a alguien que entendiera el miedo pero que mantuviera el tipo.
Brad Renfro vivía con su abuela en una casa prefabricada de Knoxville. No tenía formación dramática ni padres influyentes en la industria. Pero cuando se puso delante de la cámara para la prueba de El cliente el equipo supo que el papel de Mark Sway era suyo.
Tenía diez años y ninguna experiencia previa.
El estreno de la película en 1994 recaudó más de 117 millones de dólares en las taquillas de todo el mundo. Aquel niño de gestos secos aguantaba el primer plano a Susan Sarandon y Tommy Lee Jones sin pestañear. Su interpretación no era técnica sino visceral y puramente instintiva.
Y el sistema lo devoró antes de que supiera qué era un contrato de exclusividad.
Después llegaron proyectos que buscaban explotar esa imagen de adolescente atormentado. En 1995 rodó The Cure y un año después participó en Sleepers bajo las órdenes de Barry Levinson. Compartir cartel con Robert De Niro y Brad Pitt no pareció intimidarle en absoluto.
Pero el punto de inflexión llegó en 1998 con Verano de corrupción. Bryan Singer lo puso frente a un gigante como Ian McKellen en una historia oscura sobre el pasado nazi y la obsesión juvenil. Renfro demostró que podía sostener un drama psicológico complejo sin recurrir a los tics de la época.
Aquella película fue su cima profesional y el inicio de su caída pública. Porque mientras la crítica alababa su madurez en pantalla la policía de Knoxville lo detenía por posesión de cocaína y marihuana. Tenía solo quince años cuando el estigma de las adicciones empezó a pesar más que sus créditos cinematográficos.
Hollywood perdona el pecado pero no el retraso en los rodajes.
A partir de la década de los dos mil su presencia en grandes producciones se evaporó. Intentó mantenerse a flote con cine independiente y papeles secundarios en cintas como Ghost World en 2001. Pero los titulares ya no hablaban de su talento sino de sus ingresos en centros de rehabilitación.
En 2005 fue arrestado durante una redada encubierta en el barrio de Skid Row mientras intentaba comprar heroína. La fotografía de su ficha policial dio la vuelta al mundo y mostró a un joven demacrado que poco tenía que ver con el niño de El cliente. Los productores dejaron de llamar a su puerta por el alto coste de los seguros que implicaba contratarle.
Nunca volvió a recuperar el ritmo de trabajo de su infancia.
Pasó sus últimos años entre proyectos menores y una lucha constante contra sus propios demonios. En 2008 rodó sus últimas escenas para la película The Informers compartiendo reparto con Mickey Rourke y Winona Ryder. Nadie sabía durante ese rodaje que aquellas serían sus últimas imágenes grabadas en 35 milímetros.
Murió el 15 de enero de 2008 en su apartamento de Los Ángeles por una sobredosis accidental de heroína. Tenía 25 años y dejó un hijo secreto en Japón cuya existencia solo se conoció tras la lectura de su testamento. El forense del condado cerró el caso semanas después del fallecimiento.
Cosas que posiblemente no sabías de Brad Renfro




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