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Brian Dennehy nunca tuvo cara de galán. Tenía el físico de un estibador de puerto o de un policía cansado que ha visto demasiadas carreteras secundarias. Antes de cobrar su primer cheque en Hollywood pasó por el cuerpo de Marines y trabajó como camionero. Esa rudeza natural fue su mejor herramienta de trabajo durante cinco décadas.
Su entrada en la industria fue tardía pero constante. No buscaba el aplauso fácil ni las portadas de revistas para adolescentes. Porque Dennehy entendía que su lugar estaba en los márgenes del plano, allí donde los actores de carácter sostienen el peso de la historia sin que el espectador se dé cuenta.
Y lo consiguió.
En 1982 interpretó al sheriff Will Teasle en Acorralado. Fue el hombre que decidió perseguir a un joven Sylvester Stallone por el bosque y esa decisión cambió su trayectoria profesional. Pero Dennehy no quería ser solo el villano de las películas de acción del domingo por la tarde.
A pesar de su éxito en el cine de género su verdadera obsesión era el teatro. En 1999 ganó su primer premio Tony por meterse en la piel de Willy Loman en Muerte de un viajante. Logró que un personaje tan castigado por la literatura volviera a ser humano a través de su voz profunda y sus movimientos pesados.
Repitió la hazaña en 2003 con Largo viaje hacia la noche de Eugene O’Neill. Ganó otro Tony y confirmó que su talento no cabía en una pantalla de televisión. Así que alternó producciones millonarias con montajes humildes en Chicago o Dublín sin que se le cayeran los anillos.
La apuesta funcionó.
En 1987 trabajó con Peter Greenaway en El vientre de un arquitecto. Fue una de las pocas veces que el cine le regaló un papel protagonista absoluto. Interpretó a un hombre obsesionado con la mortalidad y la arquitectura en una Roma que parecía diseñada para su propio tamaño físico.
Durante los años noventa se convirtió en el rostro de la autoridad en el cine estadounidense. En 1990 participó en Presunto inocente junto a Harrison Ford. Su presencia en el set garantizaba una solvencia que pocos directores se atrevían a cuestionar. Pero detrás de esa fachada de hombre duro se escondía un lector voraz de clásicos.
En 1996 aceptó el papel de Ted Montague en la versión de Romeo y Julieta de Baz Luhrmann. Fue un movimiento inteligente para conectar con una generación que no lo conocía. Porque Dennehy sabía que para durar en este oficio hay que saber mezclarse con los nuevos nombres del sistema.
Y nunca dejó de trabajar.
En 2019 rodó la película El drive-thru (Driveways) donde ofreció una de sus interpretaciones más contenidas y silenciosas. En 2020 apareció en Son of the South bajo la producción de Spike Lee. No había rastro de cansancio en sus ojos a pesar de superar los ochenta años de edad.
Falleció en abril de 2020 en su casa de Connecticut a causa de un paro cardíaco. Tenía 81 años y dejó una herencia profesional de más de 180 créditos en cine y televisión. El sindicato de actores no registró ninguna deuda pendiente en su historial laboral.
Cosas que posiblemente no sabías de Brian Dennehy




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