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Claude Dauphin no buscaba los aplausos cuando empezó en el teatro del Odéon. En 1930 su trabajo diario consistía en diseñar decorados y vigilar que las luces estuvieran en su sitio. Pero el destino tiene formas extrañas de corregir trayectorias. Su voz tenía una elegancia natural que contrastaba con un físico menudo y poco imponente para los estándares de la época.
Debutó en el cine con La Vagabonde en 1930. Fue un paso natural porque el público francés buscaba rostros que transmitieran una sofisticación urbana sin caer en la caricatura del galán tradicional. Su dicción perfecta heredada de una familia de intelectuales le abrió las puertas de los mejores estudios de París.
Nunca fue una estrella de póster.
Y esa fue precisamente su mayor ventaja competitiva. Al no estar atado a una imagen de héroe de acción pudo transitar por géneros muy distintos durante cinco décadas. En 1937 rodó Las perlas de la corona bajo las órdenes de Sacha Guitry. Allí aprendió que el ritmo del diálogo era tan importante como la mirada para sostener una escena.
La Segunda Guerra Mundial detuvo los rodajes pero no su actividad. En 1942 se unió a las Fuerzas Francesas Libres y sirvió en la división blindada. Esta experiencia vital endureció su registro interpretativo y ya no era solo el joven sofisticado de los años treinta.
La guerra lo cambió todo.
Tras el conflicto decidió probar suerte en Estados Unidos. En 1952 protagonizó Casque d’Or junto a Simone Signoret. Es probablemente el trabajo por el que más se le recuerda fuera de Francia. Su interpretación de Félix Leca mostraba una madurez técnica que llamó la atención de los grandes estudios de Hollywood.
Pero el sistema de producción americano no siempre supo qué hacer con él. Participó en proyectos como The Quiet American en 1958 donde aportaba ese toque europeo tan demandado por los directores de la época. Trabajó con Joseph L. Mankiewicz y se movió con soltura en los platos de televisión de la NBC durante los años sesenta.
A veces el cine americano solo buscaba un acento francés creíble.
En 1966 participó en la superproducción ¿Arde París? interpretando al coronel Rol-Tanguy. Fue un regreso a sus raíces y a su propia historia personal durante la ocupación nazi. La industria ya no lo buscaba para papeles protagonistas jóvenes pero su presencia en pantalla seguía siendo fundamental para dar peso a los repartos corales.
Dos años después aceptó un papel en Barbarella. En 1968 trabajar con Jane Fonda y Roger Vadim era una forma de mantenerse conectado con la nueva estética que dominaba el mercado internacional. No le importaba el tamaño del papel si el proyecto tenía un interés visual potente o un director con nombre.
Y funcionó.
En 1975 participó en Rosebud de Otto Preminger. Fue una de sus últimas apariciones internacionales de calado antes de centrarse definitivamente en producciones europeas. El rodaje fue complejo y el resultado en taquilla no cumplió las expectativas financieras de la United Artists.
Murió en París el 17 de noviembre de 1978 debido a una oclusión intestinal. Dejó tras de sí más de cien títulos y una filmografía que sirve para entender la transición del cine clásico al moderno. Su última película fue Le Pion estrenada ese mismo año.
Cosas que posiblemente no sabías de Claude Dauphin




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Película
Sí mismo/a material archivo
24/04/1993


Película
Bishop Myriel
27/12/1978


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Albert Carreaud
25/10/1978


TV
Voltaire âgé
04/05/1978


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Le docteur Katz
02/11/1977


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Maître Leroy
25/10/1977


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Vaudable
27/10/1976


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Boswell
27/10/1976


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Husband at accident
26/05/1976


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De Rovère
08/10/1975


Película
Charles-André Fargeau
24/03/1975


Película
Mazelli
12/02/1975
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