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Mary Frances Reynolds ganó un concurso de belleza en Burbank por pura casualidad en 1948. No buscaba ser actriz pero los cazatalentos de Warner Bros vieron algo en aquella chica de dieciséis años que tocaba la trompa en la banda del instituto. El estudio le cambió el nombre a Debbie contra su voluntad y le asignó un sueldo de sesenta y cinco dólares semanales.
En 1952 llegó la oportunidad que casi acaba con su salud física. Gene Kelly no la quería en el reparto de Cantando bajo la lluvia porque ella no sabía bailar de forma profesional. La joven Reynolds ensayaba hasta que le sangraban los pies en los platós de la MGM para igualar el ritmo de sus compañeros.
Aquel rodaje fue una guerra de resistencia.
Fred Astaire la encontró llorando bajo un piano y decidió ayudarla con los pasos más complejos de la coreografía. Al final de la producción Debbie había conseguido lo imposible. Logró que el público creyera que llevaba toda la vida bailando claqué junto a dos gigantes del género musical. Aquel esfuerzo físico le costó meses de recuperación pero la situó en la primera línea de la industria de Hollywood.
En 1958 su marido Eddie Fisher la dejó por Elizabeth Taylor en medio de un circo mediático que paralizó Estados Unidos. Pero Debbie no se detuvo y aceptó cualquier papel para pagar las deudas que le dejaron sus tres matrimonios fallidos. Trabajó en Las Vegas durante décadas para mantener a sus hijos y financiar su verdadera obsesión.
Porque su pasión no era solo actuar sino conservar la historia del cine que los estudios estaban tirando a la basura. Gastó millones de dólares en subastas para comprar el vestido blanco de Marilyn Monroe o las zapatillas de rubí de El mago de Oz. Su sueño de abrir un museo permanente fracasó varias veces por falta de apoyo institucional en California.
Y la apuesta funcionó a medias.
Tuvo que vender gran parte de su colección privada en 2011 para evitar la bancarrota total de sus empresas. La subasta recaudó más de veintidós millones de dólares en una sola jornada de pujas frenéticas. Aquel dinero sirvió para sanear sus cuentas pero supuso el desmantelamiento de la mayor colección de vestuario cinematográfico del mundo.
En 2013 interpretó a la madre de Liberace en Behind the Candelabra bajo las órdenes de Steven Soderbergh. Apareció en pantalla con una prótesis facial y un acento polaco muy trabajado que la alejaba de su imagen habitual de vecina de al lado. Fue su último gran trabajo frente a las cámaras antes de que su salud empezara a flaquear de forma definitiva.
Reynolds murió el 28 de diciembre de 2016 debido a un derrame cerebral masivo. Sucedió apenas veinticuatro horas después del fallecimiento de su hija Carrie Fisher. Sus restos descansan en el Forest Lawn Memorial Park de Hollywood Hills bajo una escultura de mármol blanco.
Cosas que posiblemente no sabías de Debbie Reynolds




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