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Denholm Elliott pasó tres años en un campo de prisioneros en Silesia durante la Segunda Guerra Mundial. Allí descubrió que actuar era una herramienta de supervivencia básica. Formó un grupo de teatro entre barracones porque el aburrimiento mataba tanto como el hambre en aquel lugar.
Tras el conflicto regresó a Londres con una cicatriz emocional que nunca terminó de cerrar del todo. Pero esa misma herida le dio una profundidad que otros actores de su generación no lograban alcanzar. En 1949 debutó en el cine con Dear Mr. Prohack y a partir de ahí no dejó de trabajar ni un solo año.
Elliott era el secundario que todos los directores querían pero que los protagonistas temían.
Su capacidad para robar planos era casi una ciencia exacta. No necesitaba grandes discursos ni gestos exagerados para que el espectador fijara la vista en él. Bastaba con un movimiento de cejas o una pausa incómoda en medio de un diálogo ajeno para dominar la escena.
En la década de los ochenta su rostro se volvió indispensable para las grandes producciones internacionales. En 1981 interpretó a Marcus Brody en En busca del arca perdida y repitió el papel en 1989. Dio vida a un personaje torpe que servía de contrapunto perfecto a la energía de Harrison Ford.
Pero su verdadero triunfo llegó con el reconocimiento de la crítica en su país natal. Elliott logró el hito de ganar tres premios BAFTA consecutivos entre 1984 y 1986 por sus trabajos en Entre pillos anda el juego, Función privada y Una habitación con vistas.
La industria británica no volvió a ver un triplete igual.
Y es que trabajaba con una naturalidad que asustaba a sus compañeros de reparto. En 1983 encarnó a Coleman en Entre pillos anda el juego donde un simple mayordomo se convertía en el eje moral de toda la trama. Porque Elliott entendía que el cine se apoya en los hombros de quienes no salen en el cartel principal.
Aceptaba papeles pequeños en películas mediocres solo para pagar las facturas de su casa en Ibiza. Pero incluso en los peores guiones su presencia aportaba una dignidad que el material original no merecía. Nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio fuera de los escenarios.
Su vida privada fue un laberinto de secretos que solo salieron a la luz cuando ya no había marcha atrás. Mantuvo una bisexualidad discreta durante décadas y se casó dos veces. La segunda con Susan Robinson (con quien compartió su refugio en las Islas Baleares hasta el final de sus días).
En 1987 le diagnosticaron VIH pero decidió seguir trabajando como si nada ocurriera. No quería lástima ni titulares amarillistas en la prensa británica. Así que rodó Indiana Jones y la última cruzada en 1989 ocultando su estado de salud a casi todo el equipo técnico del rodaje.
Su última aparición en pantalla fue en la película para televisión The Lost Language of Cranes en 1991.
Elliott murió en su casa de Santa Eulalia del Río el 6 de octubre de 1992 por complicaciones derivadas del sida. Tenía 70 años y dejó tras de sí una filmografía que supera los 120 títulos registrados.
Cosas que posiblemente no sabías de Denholm Elliott




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