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Donald Gibb mide 1,93 metros de altura y en sus mejores años de gimnasio rozaba los 140 kilos de peso. Esa mole de carne y hueso no llegó a Hollywood para recitar a Shakespeare en un teatro de Londres. Su entrada en la industria fue un choque frontal basado en el físico.
En 1984 consiguió el papel de Ogre en La venganza de los novatos. Aquel personaje era un bruto universitario que bebía cerveza de forma salvaje y aterrorizaba a los estudiantes más débiles. Pero la audiencia conectó con él de una forma extraña.
El público lo quería por bruto.
Antes de pisar un plató de televisión Gibb intentó ganarse la vida con el fútbol americano. Jugó en la Universidad de Nuevo México y después en la de San Diego. Incluso llegó a firmar con los San Diego Chargers de la NFL pero un accidente de coche truncó su carrera profesional sobre el césped.
Así que el cine fue su plan de rescate.
La trayectoria de Gibb se asienta sobre dos pilares muy concretos. Si Ogre le dio la fama en las comedias juveniles, su papel de Ray Jackson en Contacto sangriento le dio el respeto entre los aficionados a las artes marciales. En 1988 compartió pantalla con un joven Jean-Claude Van Damme que todavía no era una estrella mundial.
Jackson era el contrapunto perfecto para el estilo refinado de Van Damme. Gibb interpretaba a un luchador callejero que usaba la fuerza bruta y el aplastamiento para ganar sus combates. Fue el único actor, junto al protagonista, que repitió en la secuela Contacto sangriento 2 grabada en 1996.
Aquella imagen era su condena y su fortuna.
Durante los años noventa participó en decenas de series de televisión como MacGyver, Magnum P.I. o El equipo A. Casi siempre hacía de matón, de portero de discoteca o de motero con malas pulgas. Los directores de casting lo llamaban cuando necesitaban a alguien que llenara el encuadre sin decir demasiadas palabras.
Lejos de los focos de Los Ángeles Gibb decidió invertir su dinero en negocios tangibles. Se mudó a Chicago y se convirtió en copropietario de un bar llamado Trader Todd’s. El local se hizo famoso por su ambiente relajado y por explotar la imagen del actor de forma inteligente.
Incluso lanzó su propia marca de cerveza artesanal bajo el nombre de Ogre Beer. Aprovechó el tirón de su personaje más conocido para vender un producto que encajaba perfectamente con su estética de gigante bonachón. Porque detrás de esa cara de pocos amigos sus compañeros de rodaje siempre destacaron su buen carácter.
En el año 2011 puso su voz al servicio del videojuego Rage y en 2014 rodó un anuncio para el lanzamiento de La Tierra Media: Sombras de Mordor. Su participación en convenciones de fans sigue siendo constante porque los seguidores del cine de acción de los ochenta no lo olvidan.
Donald Gibb reside en Chicago y gestiona sus inversiones hosteleras en el estado de Illinois. En 1981 debutó con un papel sin acreditar en El pelotón chiflado y terminó acumulando más de cien créditos en pantalla.
Cosas que posiblemente no sabías de Donald Gibb




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