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A los diecisiete años Edward Bunker ya sabía lo que era dormir en una celda de San Quentin. No era un rebelde sin causa de postal de Hollywood sino un delincuente real que acumulaba fugas y atracos antes de tener edad para votar legalmente.
Fue el preso más joven de la historia del penal.
Allí dentro entendió que la única forma de no volverse loco era escribir compulsivamente en una máquina vieja. Pero no escribía para redimirse ni para pedir perdón a la sociedad californiana. Escribía porque era lo único que hacía mejor que robar bancos o traficar con droga en los callejones de Los Ángeles.
Su adolescencia fue un desfile de reformatorios y centros de detención juvenil. Pasó gran parte de su juventud entre muros de hormigón y eso forjó un estilo literario seco que no permitía adornos innecesarios. Porque en la cárcel la poesía no te salva de una puñalada por la espalda.
Su primera novela tardó años en ver la luz porque el sistema penitenciario le confiscaba los manuscritos por sistema. No hay bestia tan feroz apareció en 1973 y dinamitó la literatura criminal desde dentro. James Ellroy dijo una vez que Bunker era el único autor que sabía de lo que hablaba realmente. Y tenía razón.
En 1978 la industria del cine llamó a su puerta para adaptar ese debut literario. Dustin Hoffman protagonizó Libertad condicional y el propio Bunker supervisó el guion para que no se perdiera la suciedad del relato original. Fue su entrada oficial en los sindicatos de Hollywood mientras todavía estaba bajo vigilancia policial.
Y la apuesta funcionó.
Bunker no buscaba la fama pero el cine lo adoptó como una especie de talismán de autenticidad. Los directores lo buscaban para que sus diálogos no sonaran a cartón piedra. Así que empezó a alternar su carrera como novelista con apariciones fugaces frente a la cámara.
Quentin Tarantino lo rescató para el gran público en 1992. Le dio el papel de Sr. Azul en Reservoir Dogs y lo sentó en una mesa a discutir sobre canciones de Madonna y la ética de las propinas. Apenas tiene frases en la película pero su presencia física validaba todo el proyecto.
Tarantino quería a un criminal de verdad en el set para que los actores jóvenes supieran qué es el miedo real. Bunker no necesitaba actuar porque su rostro ya contaba el historial delictivo de la costa oeste. Así que se limitó a estar allí y a cobrar su cheque por unas pocas semanas de rodaje.
En el año 2000 el actor Steve Buscemi dirigió Animal Factory basándose en otra de sus novelas carcelarias. El guion lo escribió el propio Bunker y reflejaba la jerarquía brutal de las prisiones modernas sin caer en el sentimentalismo barato de otras producciones comerciales.
Murió en Burbank el 19 de julio de 2005 tras una operación de cirugía vascular que se complicó por su diabetes. Tenía setenta y un años y dejó una cuenta bancaria saneada gracias a los derechos de autor de sus ocho libros publicados.
Cosas que posiblemente no sabías de Edward Bunker




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