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Fred Gwynne medía casi dos metros y tenía una mandíbula que parecía tallada en granito. Pero detrás de esa fachada de gigante se escondía un barítono graduado en Harvard que prefería dibujar personajes en papel antes que interpretarlos frente a una cámara. En 1964 aceptó el papel que le daría la gloria y también le robaría la identidad durante décadas.
Aquel contrato para protagonizar The Munsters parecía una oportunidad de oro para un actor que venía de triunfar en la comedia policíaca Car 54, Where Are You?. Sin embargo la realidad en el set de Universal era muy distinta. Gwynne pasaba tres horas diarias en la silla de maquillaje y llevaba puestas unas alzas de diez kilos que le destrozaban la espalda cada jornada.
Y la serie solo duró dos temporadas.
A pesar de la brevedad del formato original las reposiciones constantes en televisión fijaron su imagen como Herman Munster en la retina de millones de espectadores. Hollywood dejó de ver al actor para ver solo al producto. Porque Fred era un hombre extremadamente culto que se sentía más cómodo en un estudio de dibujo que en los cócteles de Los Ángeles y aquello le pasó factura.
Gwynne no se quedó sentado esperando una llamada que no llegaba de los grandes estudios. Se mudó a una granja en Maryland y empezó a escribir e ilustrar cuentos para niños que hoy son clásicos en Estados Unidos. Títulos como A Chocolate Moose for Dinner demostraron que su talento visual iba mucho más allá de las muecas cómicas bajo capas de látex.
Ganaba más dinero con sus cuentos que con la televisión.
Esta etapa de aislamiento voluntario le permitió seleccionar sus trabajos con una exigencia casi suicida. Rechazó papeles importantes porque no quería volver a ser el tipo raro de la película. Pero el teatro seguía siendo su pasión principal y allí logró que el público de Nueva York olvidara sus cicatrices de goma gracias a su imponente presencia escénica y una voz que llenaba cualquier auditorio sin necesidad de micrófonos.
Tuvo que pasar mucho tiempo para que los directores de casting olvidaran su pasado televisivo. En 1984 apareció en The Cotton Club bajo las órdenes de Francis Ford Coppola y recuperó el respeto de la industria. Aquel fue el inicio de una segunda juventud profesional donde interpretó a personajes secundarios con un peso dramático que nadie esperaba de un antiguo cómico.
Pero su testamento cinematográfico definitivo llegó en 1992.
En My Cousin Vinny interpretó al juez Chamberlain Haller. Su duelo dialéctico con Joe Pesci sobre el significado de la palabra muchachos es una de las secuencias más estudiadas en las escuelas de interpretación. Gwynne rodó esa película mientras sufría los primeros síntomas de un cáncer de páncreas que ocultó a casi todo el equipo de producción para no retrasar el calendario de rodaje.
Murió el 2 de julio de 1993 en su casa de Taneytown. No hubo grandes funerales de estado ni homenajes televisivos inmediatos en las cadenas nacionales.
Sus restos descansan en una tumba sin nombre en el cementerio de la iglesia de Sandy Mount por deseo expreso de su familia.
Cosas que posiblemente no sabías de Fred Gwynne
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