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Fritz Lang no buscaba amigos en el set de rodaje. Cargaba su revólver con balas de fogueo para asustar a los figurantes y exigía una precisión matemática que rozaba el sadismo. Tenía fama de dictador absoluto pero sus películas definieron cómo vemos el miedo y la ciudad moderna.
En 1927 estrenó Metropolis tras un rodaje infernal de más de un año. El presupuesto se disparó hasta los cinco millones de marcos y casi provoca la quiebra de la productora UFA. Lang obligó a cientos de extras a permanecer bajo chorros de agua fría durante horas para lograr la secuencia de la inundación.
Pero el público de la época no entendió aquel despliegue visual.
La crítica fue demoledora y la recaudación inicial resultó un desastre financiero. A pesar de la frialdad de las cifras Lang no dio un paso atrás en su estilo. En 1931 rodó M, el vampiro de Düsseldorf donde utilizó el sonido de una forma que nadie había intentado antes. Un silbido fuera de campo bastaba para anunciar la muerte.
Durante una reunión en 1933 Joseph Goebbels le ofreció la dirección de los estudios alemanes bajo el régimen nazi. El ministro de propaganda admiraba su trabajo a pesar de que Lang tenía ascendencia judía. Lang escuchó la propuesta en silencio y asintió con la cabeza mientras planeaba su salida.
Esa misma noche tomó un tren hacia París con apenas unos pocos marcos en el bolsillo.
Dejó atrás su casa y sus pertenencias porque sabía que el cine en Alemania se convertiría en una herramienta de control. Tras su paso por Francia llegó a Estados Unidos en 1934 para empezar de cero. En Hollywood aprendió que el sistema de estudios era otra forma de tiranía pero mucho más rentable.
En suelo americano Lang se especializó en historias de hombres atrapados por el destino. En 1953 rodó Los sobornados. Es una película seca donde la violencia estalla de forma repentina y cruel. La escena del café hirviendo lanzado al rostro de una mujer rompió con la estética amable que imperaba en los grandes estudios.
Trabajó con presupuestos ajustados y actores difíciles.
Y la apuesta funcionó.
Sus años en Estados Unidos se resumen en una lucha constante contra la censura y los productores que querían finales felices. En 1956 dirigió Más allá de la duda antes de decidir que su etapa en América había terminado. Estaba cansado de las imposiciones comerciales que limitaban su visión del encuadre.
Regresó a Alemania Occidental para rodar una última trilogía que incluía El diurno de las mil miradas en 1960. La película recuperaba el personaje del Doctor Mabuse pero ya no tenía el mismo impacto en una Europa que miraba hacia el futuro. En 1976 murió en su casa de Beverly Hills casi ciego y olvidado por los grandes focos. Su archivo personal consta de miles de anotaciones técnicas que nadie pudo replicar.
Cosas que posiblemente no sabías de Fritz Lang




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