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James Horner murió solo, pilotando su Short Tucano sobre el bosque nacional de Los Padres. Era el 22 de junio de 2015. Tenía 61 años y una colección de maquetas de aviones que rivalizaba en tamaño con su catálogo de partituras para Hollywood.
No era un músico de conservatorio al uso. Aunque pasó por el Royal College of Music de Londres, su verdadera escuela fue el cine de bajo presupuesto de Roger Corman. Allí aprendió a hacer que una orquesta de veinte personas sonara como si fueran cien.
En 1980 compuso la música de Battle Beyond the Stars.
Fue su tarjeta de visita. Los productores de Star Trek II: The Wrath of Khan buscaban a alguien barato pero capaz de alejarse de la sombra de Jerry Goldsmith. Horner entregó una partitura náutica y expansiva que definió el sonido de la franquicia durante décadas.
Pero su relación más compleja fue con James Cameron. En 1986 trabajaron juntos en Aliens. El proceso fue un desastre logístico porque Horner llegó a Londres y se encontró con que la película se estaba montando todavía. Escribió la música a contrarreloj y durmiendo en el suelo del estudio.
Juró que no volvería a trabajar con él.
Pasaron diez años hasta que Cameron lo llamó para Titanic en 1997. La industria pensaba que aquella producción hundiría a la Fox y a la Paramount. Horner compuso un tema central que no gustaba al director pero que terminó convenciendo a Celine Dion para grabarlo a escondidas.
Vender 30 millones de copias de una banda sonora no estaba en los planes de nadie. Aquel disco sigue siendo el álbum orquestal más vendido de todos los tiempos. Horner ganó dos Oscar aquella noche y se convirtió en el compositor mejor pagado del circuito comercial.
Muchos críticos le acusaron de reciclarse a sí mismo. Horner utilizaba a menudo un recurso de cuatro notas que los aficionados bautizaron como el motivo del peligro. Se escucha en Willow, en Enemy at the Gates y hasta en Avatar.
Y no le importaba. Consideraba que la música de cine era una arquitectura emocional donde la originalidad absoluta importaba menos que la eficacia narrativa. En 1995 entregó Braveheart y Apollo 13 con apenas unos meses de diferencia.
Su estilo mezclaba texturas electrónicas con instrumentos étnicos. Antes de grabar Avatar en 2009 pasó meses trabajando con etnomusicólogos para inventar un lenguaje sonoro para una cultura que no existía.
Su muerte dejó varios proyectos en el aire. Simon Franglen tuvo que terminar la partitura de The Magnificent Seven en 2016 basándose en los bocetos que Horner ya había escrito como regalo para el director Antoine Fuqua.
Porque Horner componía incluso sin contrato de por medio.
En sus últimos años se alejó de los grandes estudios para buscar proyectos más íntimos como Le Dernier Loup en 2015. Su última gran contribución técnica fue el diseño de las texturas sonoras que luego se utilizaron en Avatar: The Way of Water en 2022.
La autopsia confirmó que no había restos de alcohol ni drogas en su cuerpo en el momento del accidente. El informe oficial de la NTSB concluyó que el siniestro se debió a un error del piloto durante una maniobra de baja altitud.
Cosas que posiblemente no sabías de James Horner
¿Te has preguntado qué tal te verías si te encuentras a James Horner por la calle o en una fiesta? Puedes ajustar en cualquier momento tu altura en tu perfil de usuario.


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