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James Whitmore no tenía cara de galán y lo sabía perfectamente.
Su mandíbula cuadrada y esa mirada de perro viejo le permitieron trabajar sin descanso durante sesenta años sin necesidad de aparecer en las portadas de las revistas de adolescentes. Antes de pisar un escenario estudió Derecho en Yale y sirvió en el Cuerpo de Marines durante la Segunda Guerra Mundial. Esa disciplina militar se le quedó pegada a la piel para siempre.
En 1948 debutó en Broadway con la obra Command Decision y el impacto fue tan inmediato que ganó un premio Tony casi sin deshacer las maletas.
Hollywood no tardó en llamar a su puerta.
Llegó a Los Ángeles y en 1949 rodó Battleground, una cinta bélica que le valió su primera nominación al Oscar y un Globo de Oro. Pero Whitmore no buscaba la fama fácil sino los personajes con aristas que otros actores rechazaban por miedo a parecer antipáticos. Así que se especializó en hombres duros que escondían una fragilidad desconcertante bajo el uniforme o el traje de sastre.
En 1975 logró algo que todavía hoy parece un error estadístico en los archivos de la Academia de Hollywood.
Consiguió la nominación al Oscar como mejor actor principal por Give ‘em Hell, Harry!, una película donde él era el único actor que aparecía en pantalla durante todo el metraje. Nadie más ha repetido esa hazaña en la categoría masculina hasta la fecha. Pasó meses estudiando los gestos del presidente Truman y el resultado fue una lección de control físico que dejó mudo al sindicato de actores.
Y la apuesta funcionó.
A pesar del reconocimiento nunca se dejó seducir por los cantos de sirena de los grandes estudios. Prefería la seguridad del trabajo constante a la incertidumbre de las grandes producciones que tardaban años en arrancar. Por eso su filmografía es un laberinto de secundarios de lujo en títulos como The Asphalt Jungle o la cinta de ciencia ficción Them! rodada en 1954.
Para los espectadores que crecieron en los años noventa su nombre está ligado de forma inevitable a un bibliotecario anciano que no sabía vivir en libertad.
En 1994 interpretó a Brooks Hatlen en The Shawshank Redemption y regaló una de las secuencias más demoledoras del cine carcelario. Rodó sus escenas con una economía de gestos asombrosa porque entendía que el dolor real no necesita gritos para traspasar la pantalla. Aquel papel le devolvió a la primera línea cuando muchos ya lo daban por retirado en su rancho de Malibú.
Su método era invisible.
Siguió trabajando en televisión y en 2000 ganó un premio Emmy por su participación en varios episodios de la serie The Practice. No le importaba el tamaño del papel mientras el guion tuviera algo de verdad. En 2002 participó en The Majestic, que supuso su última aparición en la gran pantalla antes de que su salud empezara a flaquear.
James Whitmore murió en su casa de Malibú en febrero de 2009 a causa de un mesotelioma que le diagnosticaron apenas unos meses antes. Tenía 87 años y dejó un archivo profesional con más de 130 títulos entre cine y televisión.
Cosas que posiblemente no sabías de James Whitmore




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