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Jess Hill no eligió el cine porque el cine le eligió a él en un set de rodaje antes de que tuviera uso de razón. Hijo de Mario Girotti, el hombre que el mundo conoció como Terence Hill, su vida ha transcurrido en esa frontera invisible que separa a las estrellas de quienes hacen que las películas funcionen. Nació en Los Ángeles en 1969 y desde sus primeros meses de vida ya formaba parte del atrezo natural de las producciones de su padre.
Su debut frente al objetivo ocurrió en 1970 con una aparición anecdótica en Le llamaban Trinidad. Aquella cinta no solo definió el género del spaghetti western cómico sino que vinculó el apellido de su familia a la industria europea de forma permanente. Pero Jess nunca mostró un interés real por perpetuar el legado de galán de ojos azules frente a los focos.
Él prefería el silencio de la producción.
A medida que crecía el joven Hill empezó a ocupar puestos de responsabilidad técnica en los rodajes. En 1994 trabajó como ayudante de dirección en Y en Nochebuena… ¡Se armó el belén!, la última colaboración en pantalla de la mítica pareja formada por su padre y Bud Spencer. Fue una experiencia agridulce que coincidió con una etapa de cambios profundos en la forma de financiar el cine en Italia.
La tragedia familiar también moldeó su carácter profesional tras la pérdida de su hermano Ross en 1990. Aquel suceso apartó a la familia Hill de los grandes focos durante un tiempo pero Jess se mantuvo cerca de la escritura y la supervisión de guiones. En 1997 participó activamente en el libreto de Potenza virtuale, una incursión en la ciencia ficción que buscaba nuevos lenguajes comerciales.
Y entonces llegó la madurez creativa.
En 2009 asumió tareas de guionista y producción en la miniserie Doc West. El proyecto rodado en Nuevo México supuso el regreso de su padre al género que le dio la fama pero bajo una mirada mucho más pausada y crepuscular. Jess Hill entendió que el mercado audiovisual había mutado y que la nostalgia debía ir acompañada de una factura técnica impecable para sobrevivir en la era digital.
Su labor más destacada en los últimos años se centra en la gestión de la productora familiar y en la puesta en marcha de proyectos con una carga personal evidente. En 2018 ejerció como productor ejecutivo en Mi nombre es Thomas. La película se planteó como un homenaje a Bud Spencer tras su fallecimiento y requirió un esfuerzo logístico considerable para rodar en localizaciones desérticas de Almería y el norte de África.
Pero su trabajo no se limita a la nostalgia de las pistolas y los caballos.
Hill ha sabido diversificar los activos de la marca familiar operando desde la discreción absoluta en Italia y Estados Unidos. En 2023 supervisó la restauración de materiales clásicos para su distribución en plataformas de alta definición, asegurando que el catálogo de los años setenta no se pierda por el deterioro químico del celuloide. No le interesa la fama ni las entrevistas promocionales donde le preguntan por su parecido físico con su progenitor.
La producción de Mi nombre es Thomas en 2018 alcanzó un presupuesto de 5 millones de euros financiados mediante capital independiente. Jess Hill sigue vinculado a la oficina de producción en Roma donde gestiona los derechos de imagen y las nuevas vías de explotación del catálogo clásico. El rodaje de su próximo proyecto documental sobre el cine de frontera está previsto para el invierno de 2027.
Cosas que posiblemente no sabías de Jess Hill




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Película
Sí mismo/a
27/03/2019


Película
Policeman
25/08/1997


Película
25/11/1994


Película
Phantom
08/02/1984
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