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Jill Clayburgh caminaba por las calles de Manhattan en 1978 con una naturalidad que el cine de la época no sabía cómo gestionar. En An Unmarried Woman no interpretaba a una víctima ni a una mujer fatal. Erica Benton era simplemente una mujer que intentaba recomponerse tras un divorcio inesperado.
Ese papel le valió el premio a la mejor actriz en Cannes y una nominación al Oscar. Fue el momento exacto en el que Hollywood entendió que el público buscaba algo más que rostros perfectos. Clayburgh aportaba una vulnerabilidad inteligente que conectaba con la realidad de las butacas.
Y la industria se rindió ante ella.
Pero su camino no empezó en las alfombras rojas de Francia. Antes de llegar al estrellato se curtió en los escenarios del off-Broadway y en producciones experimentales que casi nadie recuerda. En 1963 rodó The Wedding Party a las órdenes de un joven Brian De Palma aunque la película no vio la luz hasta 1969.
Durante aquellos años de formación compartió vida y ambiciones con un desconocido Al Pacino. Ambos buscaban su lugar en una Nueva York que olía a cambio y a teatro barato. Porque Clayburgh nunca tuvo prisa por ser una estrella de cartelera.
Tras el éxito de 1978 llegaron proyectos que intentaron exprimir su nueva imagen de mujer independiente. En 1979 protagonizó Starting Over junto a Burt Reynolds y recibió su segunda nominación consecutiva a los premios de la Academia. Logró cobrar un millón de dólares por película en una época donde esa cifra estaba reservada casi exclusivamente a los hombres.
Fue una cuestión de tiempo.
Pero la década de los ochenta no fue tan amable con su tipo de realismo. Los grandes estudios empezaron a preferir el cine de acción y las fantasías de evasión. Su participación en I’m Dancing as Fast as I Can en 1982 fue un intento valiente de abordar la adicción a los fármacos pero la crítica le dio la espalda de forma agresiva.
Así que decidió refugiarse en lo que mejor conocía (el teatro y la televisión de calidad). Nunca se quejó públicamente de la falta de papeles protagonistas en el cine comercial. Simplemente siguió trabajando con la precisión de una artesana que no necesita los focos para validar su oficio.
En 1979 se casó con el dramaturgo David Rabe y decidió que su vida privada no alimentaría los tabloides. Se mudaron a Connecticut y criaron a sus hijos lejos del ruido de Los Ángeles. Su hija Lily Rabe heredó esa misma sobriedad interpretativa que definió a Jill durante cuatro décadas.
Y la televisión le dio la oportunidad de reinventarse para una nueva generación.
Apareció en series como Ally McBeal entre 1999 y 2001 interpretando a la madre de la protagonista. En 2007 se unió al reparto de Dirty Sexy Money donde dio vida a Letitia Darling con una elegancia que recordaba a sus mejores años en la gran pantalla. Mantuvo su enfermedad en secreto durante veintiún años mientras seguía cumpliendo con sus contratos de rodaje.
Jill Clayburgh murió el 5 de noviembre de 2010 en su casa de Lakeville debido a una leucemia linfocítica crónica. En 2011 se estrenó de forma póstuma Bridesmaids, su última película, que recaudó más de 288 millones de dólares en todo el mundo.
Cosas que posiblemente no sabías de Jill Clayburgh




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Película
Nancy Randall
22/11/2010


TV
Letitia Darling
26/09/2007


Película
Agnes Finch
27/10/2006


Película
Norma Malley
01/11/2003


TV
Bobbi Broderick
22/07/2003


TV
Cricket Wardwell
28/02/2002


Película
Grace
11/03/2001


Película
Alice Lorenz
11/10/1999


TV
Mickey Gorelick
06/04/1999


TV
Eileen McCallister
16/10/1998


Película
Alma Burns
19/09/1997
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