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Jill Haworth no buscó el cine. Otto Preminger la encontró en una escuela de ballet en Londres cuando solo tenía catorce años.
El director buscaba una cara nueva para Exodus en 1960 y vio en ella la mezcla perfecta de inocencia y dureza británica. Pero ese descubrimiento vino con un precio alto en forma de contrato de exclusividad por siete años. Preminger controlaba su vida, su imagen y sus movimientos con una rigidez que rozaba lo obsesivo.
La niña se vio de repente rodando en Israel junto a Paul Newman.
Antes de cumplir los dieciocho ya había rodado The Cardinal en 1963 y In Harm’s Way en 1965. En esta última compartió pantalla con John Wayne y Kirk Douglas. Pero trabajar para Preminger era un ejercicio de resistencia mental. El director la gritaba en el set hasta hacerla llorar delante de todo el equipo técnico.
Y la apuesta funcionó.
A pesar de la presión Haworth consiguió una nominación al Globo de Oro como nueva estrella del año. Su rostro aparecía en todas las revistas de moda y su estilo personificaba el Londres vibrante que empezaba a exportar tendencias a todo el mundo.
En 1966 dio el salto que cambiaría su trayectoria para siempre. Harold Prince la eligió para protagonizar el estreno original de Cabaret en Broadway. Ella era la Sally Bowles auténtica (mucho antes de que el cine fijara la imagen de Liza Minnelli en el imaginario colectivo).
Pero la prensa neoyorquina fue despiadada con su interpretación vocal.
Decían que su voz no era lo bastante potente para el teatro musical. Lo que muchos no comprendieron es que Haworth interpretaba al personaje tal como estaba escrito en la novela de Christopher Isherwood. Sally no era una gran cantante de club sino una joven mediocre que intentaba sobrevivir en el Berlín de Weimar.
Mantuvo el tipo durante 1.165 funciones seguidas en el Broadhurst Theatre.
Su relación con Sal Mineo durante esa época llenó las páginas de la prensa rosa. Eran la pareja de moda pero su romance estaba lleno de sombras y secretos que solo se conocieron décadas después. Mineo confesó años más tarde que Haworth fue la única mujer de la que estuvo enamorado de verdad.
Cuando el contrato con Preminger terminó la industria no supo qué hacer con ella. Haworth se refugió en el cine de terror británico de bajo presupuesto. En 1967 rodó It! y más tarde The Haunted House of Horror en 1969. Pasó de ser la protegida de los grandes estudios a correr por pasillos oscuros en películas de serie B.
Porque el sistema de estudios estaba muriendo y ella con él.
Durante la década de los setenta su presencia se diluyó en apariciones episódicas de televisión. Participó en series como Mission: Impossible o Baretta. En 1972 rodó Tower of Evil (una cinta de terror psicológico que hoy es objeto de culto para los completistas del género pero que en su momento fue ignorada por la industria).
Decidió alejarse de las cámaras de forma gradual y sin grandes anuncios dramáticos.
Se instaló de forma permanente en Nueva York y se dedicó a realizar trabajos de doblaje y locución. En 2001 prestó su voz para el videojuego Grand Theft Auto III interpretando a un personaje secundario. Fue uno de sus últimos contactos con el mundo del entretenimiento profesional antes de desaparecer del foco público.
Jill Haworth murió por causas naturales en su casa de Manhattan el 3 de enero de 2011.
Cosas que posiblemente no sabías de Jill Haworth




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