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Jill Ireland no aterrizó en Hollywood para ser la sombra de nadie. Antes de cruzar el Atlántico ya se ganaba la vida como bailarina en el Reino Unido y participaba en producciones modestas como Oh… Rosalinda!! en 1955. Su formación técnica le dio una disciplina que luego aplicaría en los rodajes más caóticos de los años sesenta.
En 1957 se casó con David McCallum. Aquella unión la llevó directamente al centro del entorno televisivo estadounidense pero el equilibrio se rompió durante el rodaje de The Great Escape en 1963. Allí conoció a Charles Bronson y la narrativa de su vida cambió de forma irreversible.
La prensa de la época se centró en el escándalo sentimental.
Pero Ireland tenía objetivos que iban más allá de las portadas de revistas de cotilleos. En 1968 formalizó su relación con Bronson y empezó a diseñar una de las colaboraciones profesionales más rentables del cine de acción. No buscaba el aplauso de la crítica sino el control sobre su propia imagen y sus horarios de trabajo.
La pareja rodó un total de 15 películas juntos. En títulos como The Mechanic de 1972 o Hard Times de 1975 ella ejercía de contrapunto necesario para la violencia seca de su marido. Y lo hacía bajo condiciones estrictas. Porque Bronson exigía por contrato que Ireland tuviera un papel en sus proyectos para no separar a la familia durante los meses de grabación.
Muchos críticos de los setenta despreciaron este acuerdo comercial. Consideraban que su presencia era una imposición pero los datos de taquilla decían lo contrario. La marca Bronson-Ireland garantizaba beneficios en mercados internacionales donde el público buscaba precisamente esa cercanía real entre los protagonistas.
Funcionaban como una unidad de producción independiente dentro de los grandes estudios.
Así que Ireland empezó a tomar decisiones de peso en la sombra. Participó activamente en la producción de Love and Bullets en 1979 y supervisó detalles del guion en Assassination en 1987. Su influencia no era estética sino estructural y financiera.
En 1984 recibió el diagnóstico de un cáncer de mama que transformó su carrera en una plataforma de activismo. Lejos de ocultarse escribió Life Wish donde relató su tratamiento con una crudeza que no era habitual en las celebridades de aquel entonces. El libro fue una herramienta de consulta para miles de mujeres en situaciones similares.
Pero su salud no detuvo su ritmo de trabajo de inmediato. Siguió rodando y escribiendo mientras ejercía como portavoz de la American Cancer Society. En 1989 publicó Lifeline su segundo libro de memorias donde abordó la adicción a las drogas de su hijo adoptivo con la misma honestidad que aplicaba a sus propios problemas médicos.
Jill Ireland murió el 18 de mayo de 1990 en su casa de Malibú.
Su última aparición en pantalla fue en el drama televisivo Caught in the Crossfire rodado en 1990. Al final de su vida había logrado que su nombre figurara en los créditos de producción de tres largometrajes distintos. Su patrimonio al fallecer superaba los 15 millones de dólares derivados principalmente de sus inversiones inmobiliarias y derechos de autor.
Cosas que posiblemente no sabías de Jill Ireland




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