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John Byner nació en Nueva York en 1937 y no tardó demasiado en comprender que su rostro era una herramienta de trabajo extremadamente elástica. Antes de cumplir los treinta ya frecuentaba el plató de The Ed Sullivan Show con una capacidad para la mímica que rozaba lo quirúrgico.
No buscaba la imitación fácil ni el chiste de brocha gorda. Lo suyo era una disección del gesto ajeno que dejaba a la audiencia descolocada por la precisión del tono.
Aquel debut en 1964 le abrió las puertas de una industria que todavía no sabía muy bien dónde encajar a un tipo capaz de transformarse en cien personas distintas en una sola noche. Pero el circuito de clubes de comedia lo acogió como a uno de los suyos porque entendían que su técnica estaba a años luz de los imitadores de feria.
Fue una decisión arriesgada.
En 1969 recibió el encargo de poner voz a dos personajes que definirían su trayectoria en el cine de animación. Se trataba de The Ant and the Aardvark. Byner decidió que el oso hormiguero sonaría exactamente como Jackie Mason y que la hormiga tendría el deje pausado de Dean Martin.
Su llegada a la televisión canadiense con el programa Bizarre en 1980 supuso un cambio en la forma de producir sketches de humor. Durante seis temporadas Byner lideró un espacio donde lo políticamente incorrecto era la norma de la casa y la improvisación ganaba terreno al guion cerrado.
Grabaron más de cien episodios que se exportaron a varios países y sirvieron de plataforma para otros cómicos en busca de libertad creativa. Y lo hizo sin perder ese aire de señor serio que está a punto de soltar una barbaridad en mitad de una cena de gala.
En esa misma época participó en Transylvania 6-5000, una comedia de terror estrenada en 1985 que la crítica de la época recibió con frialdad. A Byner no pareció importarle demasiado porque su agenda estaba saturada de proyectos de doblaje y apariciones constantes en series de máxima audiencia.
Sigue trabajando.
Publicó sus memorias bajo el título Relatively Alike en el año 2017. En sus páginas evita el sentimentalismo y prefiere centrarse en los detalles técnicos de los rodajes junto a figuras como Mel Brooks o George Lucas. Porque para él el oficio siempre ha sido una cuestión de observación pura y dura.
En 2015 participó en la serie The Comedians junto a Billy Crystal y Josh Gad. Fue una aparición breve pero cargada de esa mala leche profesional que solo conservan los que llevan más de medio siglo pisando escenarios y sets de grabación.
Su capacidad pulmonar y su control de las cuerdas vocales le permitieron seguir doblando personajes de animación cuando otros compañeros de generación ya se habían retirado a vivir de las rentas. Porque el trabajo de voz requiere una disciplina que John Byner nunca descuidó.
Su última gran colaboración en un largometraje de gran presupuesto fue para la producción de Disney The Black Cauldron en 1985 donde interpretó a los personajes Gurgi y Doli. La película tuvo un coste de producción de 44 millones de dólares y apenas recaudó 21 millones en su estreno inicial.
Cosas que posiblemente no sabías de John Byner




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