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Cinco horas diarias de maquillaje no son para cualquiera. John Matuszak llegaba al set de The Goonies en 1985 mucho antes que el resto del reparto para que los técnicos deformaran su cara. Aquel hombre de dos metros y 130 kilos de puro músculo aceptó que nadie viera su rostro real en el papel que le daría la inmortalidad popular.
Aquel hombre era una anomalía física.
Y es que Sloth no era solo un disfraz de silicona. Matuszak movía un ojo de forma mecánica por control remoto mientras el otro permanecía oculto bajo una prótesis pesada. Pero debajo de esa máscara latía el corazón de un tipo que había sido el número uno del draft de la NFL en 1973. Su paso por los Houston Oilers y los Kansas City Chiefs fue solo el prólogo de una vida al límite.
En el vestuario de los Oakland Raiders le llamaban Tooz. Ganó dos Super Bowls en 1977 y 1981 pero su fama de fiestero salvaje superaba a veces su rendimiento en el césped. Bebía vodka como si fuera agua y mezclaba calmantes para soportar el dolor de una espalda que empezaba a fallar.
Nadie le reconoció en la calle.
El salto al cine no fue una casualidad buscada por un agente con visión. En 1979 debutó en North Dallas Forty interpretando a un jugador de fútbol americano. Fue un papel cómodo porque solo tenía que ser él mismo. La película funcionó y los productores vieron en él a un gigante capaz de dar miedo y ternura a la vez.
Pero Hollywood es un lugar peligroso para alguien con tendencia a los excesos. Durante el rodaje de Caveman en 1981 conoció a Ringo Starr y Barbara Bach. Matuszak era el tipo que animaba todas las fiestas pero su cuerpo de atleta empezaba a pasar facturas invisibles.
Y la apuesta funcionó.
Participó en series como M*A*S*H, The A-Team y Dukes of Hazzard. En 1984 rodó The Ice Pirates, una cinta de ciencia ficción con un presupuesto de 9 millones de dólares que hoy se recuerda por su estética bizarra. Matuszak llenaba la pantalla sin esfuerzo. No necesitaba grandes diálogos porque su presencia física era el mensaje principal de cada escena.
La biografía de Matuszak no se entiende sin el dolor crónico. En 1987 publicó su autobiografía titulada Cruisin’ with the Tooz donde confesaba su adicción a las drogas. Intentó desintoxicarse en varias ocasiones pero la presión de mantener esa imagen de gigante indestructible era demasiado pesada.
Su última aparición en pantalla fue en la película One Man Force grabada en 1989. En ella interpretaba a un policía que buscaba venganza por la muerte de su compañero. El tono de la cinta era oscuro y reflejaba bastante bien el estado de ánimo de un actor que veía cómo su salud se deterioraba por momentos.
El 17 de junio de 1989 John Matuszak murió en Burbank a los 38 años. La autopsia reveló una sobredosis de propoxifeno, un analgésico potente, sumada a una miocardiopatía hipertrófica. Un corazón demasiado grande que simplemente dejó de latir en un apartamento de California.
Su certificado de defunción indica que también había restos de cocaína en su sangre.
Cosas que posiblemente no sabías de John Matuszak




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