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Kathleen Freeman no buscaba el glamour de las portadas de revista. En 1948 debutó en el cine con un papel sin acreditar en Casbah y desde ese momento entendió que su lugar estaba en los márgenes de la pantalla. Era una mujer de facciones duras que sabía usar su cuerpo para la comedia física como pocos actores de su generación.
Durante los años 50 y 60 trabajó sin descanso para pagar las facturas. No le importaba que sus personajes fueran a veces meros arquetipos de casera gruñona o enfermera severa. Porque ella entendía que el cine se sostiene sobre los hombros de quienes rellenan el fondo del plano con verdad.
Y lo hacía sin despeinarse.
Su capacidad para aguantar la mirada a las grandes estrellas la hizo indispensable en los rodajes de la época. En 1952 interpretó a la profesora de dicción en Singin’ in the Rain. Aquella escena donde intenta enseñar a una torpe Jean Hagen a pronunciar correctamente es uno de los momentos más técnicos y divertidos de la historia del musical.
Pero su verdadera alianza creativa surgió cuando se cruzó con Jerry Lewis. Freeman se convirtió en el contrapunto perfecto para el caos del cómico. En 1963 rodaron The Nutty Professor y allí quedó claro que nadie podía interpretar a una mujer autoritaria con tanta humanidad y mala leche contenida.
Trabajaron juntos en 11 películas a lo largo de las décadas. Lewis sabía que necesitaba a alguien sólido al otro lado para que sus payasadas tuvieran un anclaje con la realidad. Freeman nunca intentó robarle el protagonismo pero terminaba siendo el recuerdo más nítido de muchas secuencias.
La industria la trataba como una obrera de la interpretación.
A menudo encadenaba tres o cuatro proyectos el mismo año. Si el guion pedía a una mujer que pusiera orden a gritos, el director de casting llamaba a su agente. Así que su rostro se volvió familiar para millones de espectadores que no sabían cómo se llamaba pero confiaban ciegamente en su talento.
En 1980 John Landis la llamó para participar en The Blues Brothers. Su interpretación de la hermana Mary Stigmata fue un ejercicio de autoridad cómica que conectó con una nueva generación de cinéfilos. Aquella monja capaz de doblegar a John Belushi y Dan Aykroyd a base de golpes de regla se convirtió en un elemento fundamental de la cultura popular.
Durante los años 90 se refugió en el doblaje y en apariciones televisivas breves. Prestó su voz a personajes en Hercules de 1997 y participó en comedias como Naked Gun 33 1/3: The Final Insult en 1994. Nunca dejó de trabajar porque el oficio era su única forma de entender la vida.
Aceptaba los papeles por puro instinto profesional.
En el año 2000 regresó a los escenarios de Broadway con la adaptación musical de The Full Monty. Su interpretación de Jeanette Burmeister le valió una nominación al premio Tony y el respeto unánime de la crítica neoyorquina. Fue su último gran acto de servicio al espectáculo antes de que la salud le fallara.
Kathleen Freeman dio su última función el 18 de agosto de 2001. Murió cinco días después a causa de un cáncer de pulmón en el hospital Lenox Hill de Nueva York a los 82 años.
Cosas que posiblemente no sabías de Kathleen Freeman




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