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Lee Remick no era la típica rubia gélida de los años cincuenta aunque su físico sugiriera lo contrario. Elia Kazan la descubrió en un episodio de televisión y decidió que ella sería la animadora que hacía girar el bastón en A Face in the Crowd. Corría el año 1957. En aquel rodaje demostró que su mirada escondía una mezcla extraña de ingenuidad y peligro.
Y la apuesta funcionó.
Kazan no fue el único que vio algo distinto en ella. En 1959 se puso a las órdenes de Otto Preminger para rodar Anatomy of a Murder. Interpretó a Laura Manion, una mujer que denunciaba una violación y ponía en jaque la moralidad de un tribunal de provincias. James Stewart era la estrella del cartel pero ella se llevó el protagonismo con aquellas gafas de sol y una actitud que desafiaba los códigos de conducta de la época.
Pero la industria de Hollywood siempre tuvo problemas para etiquetarla. No era una mujer fatal de manual ni tampoco la vecina de al lado. Tenía una formación técnica sólida porque había estudiado danza y teatro en Nueva York. Así que su forma de moverse ante la cámara era mucho más física que la de sus contemporáneas.
En 1962 llegó el papel que definiría su prestigio internacional. Blake Edwards la eligió para protagonizar Days of Wine and Roses junto a Jack Lemmon. La película trataba el alcoholismo sin los filtros habituales del cine de estudio. Su interpretación de Kirsten Arnesen, una mujer que cae en el abismo de la bebida por amor, le valió su única nominación al Oscar como mejor actriz protagonista.
Logró transmitir la degradación física de una forma que incomodó a los sectores más conservadores de la crítica.
Después de aquel éxito rodó The Wheeler Dealers en 1963 y Baby the Rain Must Fall en 1965. En esta última trabajó con Steve McQueen bajo la dirección de Robert Mulligan. La cinta no funcionó bien en taquilla pero el trabajo de Remick recibió elogios por su sobriedad.
La industria nunca supo muy bien dónde encajarla.
A finales de la década de los sesenta decidió mudarse a Londres. Se casó con el productor británico Kip Gowans y empezó una etapa donde priorizó la calidad de vida sobre el estrellato masivo de Los Ángeles. En el Reino Unido participó en proyectos europeos y mantuvo una presencia constante en el teatro del West End.
En 1976 recuperó el favor del gran público con The Omen. Richard Donner la dirigió en este clásico del terror donde interpretaba a la madre de Damien. La escena del balcón es uno de los momentos más recordados de la producción. Trabajó junto a Gregory Peck y la película recaudó más de 60 millones de dólares solo en Estados Unidos.
Aquel éxito comercial no la devolvió de forma permanente al cine de grandes presupuestos. Prefirió refugiarse en las miniseries de televisión que ofrecían mejores papeles para mujeres de su edad. En 1974 ya había ganado un Globo de Oro por la serie Jennie: Lady Randolph Churchill.
Siguió trabajando con regularidad durante los años ochenta en producciones como The Letter grabada en 1982.
Su última aparición en pantalla fue en la miniserie Memories of Midnight rodada en 1991. Falleció en julio de ese mismo año en su casa de Los Ángeles debido a un cáncer de riñón e hígado. Tenía 55 años. Su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood fue inaugurada apenas unos meses antes de su muerte.
Cosas que posiblemente no sabías de Lee Remick




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