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Leonardo Wilhelm DiCaprio debe su nombre a una patada que dio en el vientre materno mientras su madre observaba un cuadro de Da Vinci en la Galería Uffizi. Su infancia en los barrios menos recomendables de Los Ángeles no tuvo nada de poética. Creció entre jeringuillas y delincuencia, así que el cine fue una salida de emergencia para pagar el alquiler de la familia.
Empezó en anuncios de cereales y en la serie Los problemas crecen porque necesitaba facturar rápido. Pero su ambición iba por otro camino muy distinto al de las estrellas juveniles de su generación. En 1993 rodó ¿A quién ama Gilbert Grape? y dejó claro que no le interesaba ser el chico guapo de la función.
Aquel papel de adolescente con discapacidad intelectual le valió su primera nominación al Oscar con diecinueve años. Los agentes de Hollywood le enviaban guiones de comedias románticas baratas. Él los tiraba a la basura.
Prefirió esperar la llamada de directores que le exigieran un castigo físico o mental.
En 1997 el estreno de Titanic dinamitó su privacidad de forma violenta. La prensa inventó el término Leo-manía para explicar por qué miles de adolescentes empapelaban sus carpetas con su rostro. Aquello estuvo a punto de destruir su carrera porque la industria dejó de verlo como un actor para tratarlo como un producto de marketing.
Y la apuesta por el prestigio casi le sale cara.
Pasó varios años intentando borrar su imagen de ídolo de masas a través de personajes oscuros y antipáticos. En 2002 inició su colaboración con Martin Scorsese en Gangs of New York y esa alianza cambió su trayectoria para siempre. Scorsese buscaba un nuevo Robert De Niro y DiCaprio buscaba un padre cinematográfico que le diera seriedad.
Rodaron juntos cinco películas en las siguientes dos décadas. Durante ese tiempo DiCaprio se especializó en interpretar a hombres al borde del colapso nervioso o la locura absoluta. En 2004 interpretó a Howard Hughes en El aviador y se obsesionó tanto con el trastorno obsesivo-compulsivo que sus allegados se preocuparon por su salud mental.
Pero el reconocimiento de la Academia de Hollywood se le resistía sistemáticamente.
Sus derrotas en las galas de los Oscar se convirtieron en un fenómeno viral en internet. En 2014 perdió el premio por El lobo de Wall Street a pesar de haber realizado una de las interpretaciones más energéticas de la década. La narrativa del actor brillante pero ignorado por los premios alimentó su mística durante años.
Ganó 25 millones de dólares por cada uno de sus grandes proyectos con Warner Bros.
Esa solvencia económica le permitió fundar su propia productora llamada Appian Way. A través de ella financió documentales sobre el medio ambiente y películas que otros estudios consideraban demasiado arriesgadas. No buscaba solo actuar sino controlar los hilos de la industria desde el despacho.
En 2015 se sometió a un rodaje infernal en las montañas de Canadá y Argentina para El renacido. Alejandro González Iñárritu le obligó a comer hígado de bisonte crudo y a dormir dentro de carcasas de animales muertos bajo temperaturas bajo cero. DiCaprio aceptó el reto porque sabía que el sufrimiento físico era el único camino que le quedaba para convencer a los académicos.
En 2016 recibió finalmente la estatuilla dorada y su discurso no fue un agradecimiento emocionado a su familia. Habló sobre el cambio climático y el deshielo de los polos.
Su ritmo de trabajo bajó de intensidad tras conseguir el galardón. Empezó a seleccionar un solo proyecto cada dos o tres años. En 2019 trabajó por primera vez con Quentin Tarantino en Érase una vez en… Hollywood donde interpretó a un actor en decadencia que lucha contra su propio ego.
Fue un ejercicio de autocrítica frente al espejo.
En 2023 volvió a colaborar con Scorsese en Los asesinos de la luna para dar vida a un personaje mediocre y carente de moral. Para el año 2025 tiene programado el estreno de una producción dirigida por Paul Thomas Anderson que cuenta con un presupuesto estimado de 115 millones de dólares. DiCaprio mantiene su estatus de actor capaz de movilizar grandes capitales solo con poner su nombre en el cartel.
La productora Appian Way gestiona actualmente más de treinta proyectos en diferentes fases de desarrollo. DiCaprio cobra sus honorarios íntegros por adelantado independientemente del resultado en taquilla de sus películas. En 2024 su patrimonio neto superó los 300 millones de dólares gracias a sus inversiones inmobiliarias en islas privadas y arte contemporáneo.
Cosas que posiblemente no sabías de Leonardo DiCaprio




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