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Tenía una voz que sonaba a lija contra el asfalto y una cara que solo un director de casting de cine negro podría querer.
Lionel Stander no buscaba la elegancia.
En 1935 apareció en The Scoundrel y los estudios supieron que tenían entre manos a un secundario capaz de robarle el aire a cualquier estrella de primera línea. Su físico rudo y ese tono de barítono cascado le permitieron encadenar contratos sin descanso durante una década entera.
Pero su lengua era tan afilada como su presencia en pantalla. Stander nunca ocultó sus ideas políticas de izquierdas en un entorno que empezaba a oler a azufre y persecución. Y eso le salió caro.
En 1951 lo señalaron.
Stander no se calló ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Se presentó a declarar con una chulería que desarmó a los inquisidores de la Caza de Brujas y acusó al propio comité de ser el único grupo antiamericano que conocía. El resultado fue el destierro absoluto de la industria cinematográfica de su país.
Pasó años trabajando en la radio y en el teatro de Broadway bajo nombres falsos porque los grandes estudios le cerraron la puerta con llave. La lista negra no era una broma y Stander tuvo que buscarse la vida lejos de los focos de Los Ángeles. Así que hizo las maletas y cruzó el charco.
En Europa encontró un aire más limpio para sus pulmones de fumador empedernido. Trabajó en producciones británicas e italianas donde su rostro encajaba perfectamente en el cine de género que empezaba a despuntar. Rodó más de treinta películas en el viejo continente antes de que Hollywood se atreviera a pronunciar su nombre de nuevo.
Stander no se calló.
En 1966 Roman Polanski le entregó uno de sus mejores papeles en Cul-de-sac. Fue un regreso triunfal que demostró que el talento seguía intacto a pesar del castigo político. Pero el verdadero reconocimiento popular le esperaba en un lugar inesperado: la televisión de los años setenta.
En 1979 aceptó el papel de Max en la serie Hart to Hart. Interpretaba al mayordomo y chófer de una pareja de millonarios con alma de detectives. Y el personaje funcionó porque Stander le inyectó una humanidad y un cinismo que no estaban en el guion original.
Ganó un Globo de Oro en 1983 por este trabajo. Fue la justicia poética para un hombre que había sido expulsado del sistema treinta años antes. Porque el público conectó con ese viejo cascarrabias de corazón blando que siempre tenía una frase oportuna mientras conducía un descapotable por las colinas de California.
Siguió trabajando hasta que el cuerpo aguantó. En 1986 prestó su voz a Kup en The Transformers: The Movie y participó en varias películas para televisión que retomaban la historia de los Hart durante la década de los noventa.
Murió de cáncer de pulmón en Los Ángeles el 30 de noviembre de 1994 a los 86 años.
Cosas que posiblemente no sabías de Lionel Stander




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