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Marc Alaimo tiene un cuello que mide casi lo mismo que su reputación de villano profesional. En los años setenta ya pululaba por series como Kojak o Starsky y Hutch con esa mirada de quien sabe exactamente dónde está enterrado el cadáver. No buscaba el aplauso del público. Buscaba que el protagonista de turno pareciera un héroe por el simple hecho de sobrevivir a su presencia en pantalla.
Antes de llegar al espacio exterior pasó años perfeccionando el arte de la amenaza en la Tierra. En 1984 apareció en The Last Starfighter y poco después en Tango y Cash. Su físico era su mejor herramienta de trabajo. Pero el tipo tenía un registro que iba mucho más allá de apretar el gatillo o soltar una frase lapidaria antes de morir en el tercer acto.
No buscaba el aplauso fácil.
En 1987 entró en la órbita de Star Trek y demostró que podía actuar bajo kilos de látex sin perder la expresividad. Fue un anticano en The Next Generation y más tarde fue el primer romulano que los espectadores vieron en décadas. La producción confiaba ciegamente en él porque su voz tenía una cadencia que ninguna prótesis podía ocultar.
En 1993 se puso por primera vez el maquillaje de Gul Dukat para Star Trek: Deep Space Nine. No era un malo de opereta. Alaimo construyó un narcisista patológico que creía de verdad ser el salvador de un pueblo al que estaba esclavizando. Le dio al personaje una elegancia y una vulnerabilidad que descolocó a los propios guionistas de la serie.
Y la apuesta funcionó.
Dukat pasó de ser un antagonista episódico a ser el eje de la trama política de la estación. Alaimo insistía en que su personaje amaba a los bajoranos (sus víctimas) de una forma retorcida y paternalista. Esa interpretación sacó al villano del cliché del mal puro para meterlo en un terreno mucho más pantanoso y humano.
Pero el rodaje no siempre fue sencillo para él. El actor ha confesado en varias ocasiones que se sentía un extraño en los eventos de fans porque la gente no lograba separar su cara real de la del tirano cardassiano. A pesar de eso participó de forma activa en el documental What We Left Behind en 2018 para analizar el peso de su trabajo.
Tras el cierre de la serie en 1999 su ritmo de trabajo bajó por decisión propia. Se centró en el doblaje de videojuegos y en apariciones muy escogidas en televisión. En 2006 prestó su voz para el videojuego Call of Juarez y en 2010 apareció en el documental The Captains de William Shatner.
A diferencia de otros compañeros de reparto no buscó el foco mediático de forma desesperada tras el fin de su etapa galáctica. Vivió de las rentas de una carrera sólida construida a base de secundarios que robaban escenas a las estrellas principales. Su nombre nunca encabezó los carteles de las superproducciones de Hollywood pero su rostro es reconocible para cualquier espectador de televisión de los últimos cuarenta años.
El rodaje de sus escenas en la estación espacial solía requerir cuatro horas diarias de maquillaje para aplicar las prótesis del cuello y las orejas.
Cosas que posiblemente no sabías de Marc Alaimo




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