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Masi Oka apareció en la portada de la revista Time en 1987. Tenía doce años y un cociente intelectual de 180. Los medios lo etiquetaron como el niño prodigio asiático-americano antes siquiera de que supiera qué quería hacer con su vida.
Nació en Tokio en 1974 pero se mudó a Los Ángeles con seis años. Su madre quería que tuviera las mejores oportunidades y él respondió graduándose en Informática y Matemáticas en la Universidad de Brown. El código era su lenguaje natural.
En lugar de buscar un puesto en Wall Street terminó en Industrial Light & Magic. Allí trabajó como programador de efectos visuales para George Lucas. Escribió líneas de código que generaron las multitudes de los estadios en Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma en 1999.
Pasó años en la penumbra de los servidores de efectos especiales.
Participó en la creación de los fluidos digitales de Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto en 2006. Aquel mismo año su cara dejaría de estar oculta tras los títulos de crédito técnicos para ocupar las marquesinas de medio mundo.
En 2006 el mundo conoció a Hiro Nakamura. El personaje de la serie Heroes se convirtió en un fenómeno global de forma violenta y repentina. Oka interpretaba a un oficinista japonés capaz de manipular el espacio y el tiempo.
Su interpretación le valió nominaciones a los Globos de Oro y a los Emmy en 2007. Pero lo más relevante fue cómo rompió el estereotipo del actor asiático en la televisión estadounidense de la época. No era un maestro de artes marciales ni un villano silencioso.
Era un fan de los cómics con el que el público empatizó de inmediato.
Y la apuesta funcionó.
Tras el cierre de la serie en 2010 se unió al reparto de Hawaii Five-0. Durante siete años interpretó al médico forense Max Bergman. Fue un trabajo estable que le permitió financiar sus verdaderas ambiciones fuera del set de rodaje.
Oka nunca dejó de ser un informático con visión de negocio. En 2013 fundó Mobius Digital, un estudio de videojuegos independiente. La empresa lanzó Outer Wilds en 2019 y el título terminó ganando el premio al mejor juego del año en los BAFTA.
Pero su faceta más lucrativa se desarrolla en los despachos de producción. Se especializó en tender puentes entre la industria japonesa y Hollywood. En 2017 ejerció como productor en la adaptación de Death Note para Netflix.
El proyecto recibió críticas feroces por parte de los puristas del manga. A Oka no le importó demasiado porque entendía que el mercado global exige concesiones narrativas que el nicho a veces no tolera. Siguió adelante con su plan de negocio.
En 2022 apareció como actor en la película Bullet Train junto a Brad Pitt. Fue un papel secundario donde interpretaba a un pasajero en un tren bala lleno de asesinos. El rodaje fue rápido y eficiente.
Su labor como productor ejecutivo continúa expandiéndose con la adaptación de Mega Man para Netflix y el salto al cine de Attack on Titan. Maneja presupuestos de decenas de millones de dólares mientras supervisa los derechos de propiedad intelectual de grandes franquicias niponas.
En 2024 prestó su voz para la película de animación The Tiger’s Apprentice.
Su oficina en Los Ángeles coordina actualmente los contratos de distribución de tres licencias de videojuegos para el mercado asiático.
Cosas que posiblemente no sabías de Masi Oka




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