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Mathieu Kassovitz no pidió permiso para entrar en el cine francés. En mayo de 1995 plantó una cámara en blanco y negro frente a la cara de una Francia que prefería mirar hacia otro lado. La Haine ganó el premio a la mejor dirección en Cannes y aquel joven de 27 años pasó de ser el hijo de un realizador respetado a la voz de los suburbios.
Y la apuesta funcionó.
El impacto no fue solo estético. La película recaudó millones de francos y obligó al gobierno de Alain Juppé a organizar proyecciones para el gabinete ministerial. Kassovitz rodó una tragedia griega con estética de videoclip y ritmo de hip-hop. Pero detrás de la pirotecnia visual había un discurso político que sigue vigente.
En 1997 intentó repetir la jugada con Assassin(s). La crítica lo despedazó en el mismo festival que lo había coronado dos años antes. El público no estaba preparado para una fábula tan cínica sobre la violencia mediática. Aquel tropiezo definió su carácter defensivo ante la prensa especializada.
La industria estadounidense llamó a su puerta buscando al nuevo prodigio europeo. En el año 2000 dirigió Les Rivières Pourpres y dejó claro que podía manejar presupuestos altos sin perder el pulso visual. La cinta atrajo a más de tres millones de espectadores a las salas francesas. Pero el idilio con el sistema duró poco.
Durante el rodaje de Gothika en 2003 las tensiones con los productores fueron constantes. Kassovitz siempre ha sido un tipo difícil de domar. Prefiere el conflicto a la complacencia. Dijo que trabajar en Hollywood era como ser un operario de fábrica. Así que volvió a Francia para recuperar el control total de sus historias.
El riesgo es su motor natural.
En 2011 estrenó L’Ordre et la Morale tras pasar años investigando los sucesos de la cueva de Ouvéa. La película fue un fracaso comercial que lo alejó de la dirección de largometrajes durante más de una década. La industria le dio la espalda por su retrato de las fuerzas especiales francesas en Nueva Caledonia.
Como actor su rostro proyecta una vulnerabilidad que engaña. En 2001 interpretó a Nino Quincampoix en Amélie y se ganó el afecto de un público que antes le temía. Pero su gran redención llegó con la televisión. Entre 2015 y 2020 dio vida a Malotru en Le Bureau des Légendes. Su interpretación de un espía hermético es el trabajo más sólido de su carrera.
Nunca ha dejado de buscar el límite.
En septiembre de 2023 sufrió un accidente de moto gravísimo en el circuito de Linas-Montlhéry mientras preparaba un papel. Se rompió la pelvis y el fémur. En 2024 regresó a las pantallas con Frères de Olivier Casas. Para el año 2025 tiene pendiente el estreno de The Way of the Wind bajo las órdenes de Terrence Malick. El rodaje de esta cinta comenzó en 2019 y ha pasado por un proceso de postproducción de seis años.
Cosas que posiblemente no sabías de Mathieu Kassovitz




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