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Miguel Ferrer no nació para ser un galán de póster. Tenía una mandíbula afilada y una voz que parecía filtrada por un cenicero de plata. Hijo de José Ferrer y Rosemary Clooney, pasó sus primeros años pegado a las baquetas de una batería antes de ponerse frente a una cámara. Tocó con Keith Moon y giró con su madre por escenarios secundarios durante gran parte de su juventud.
La música era su plan principal.
Pero en 1981 aceptó un papel pequeño en la serie Magnum P.I. y el veneno de la interpretación terminó por ganar la partida. No buscaba ser la estrella del cartel. Le bastaba con ser el tipo que nadie olvidaba al salir de la sala. Y esa filosofía le permitió construir una de las trayectorias más sólidas del cine de género en Hollywood.
En 1987 interpretó a Bob Morton en RoboCop. Fue su primer gran golpe de autoridad. Encarnó a un ejecutivo arrogante que terminaba devorado por su propia ambición en una de las muertes más recordadas del cine de acción de la época. Aquel papel definió su registro habitual. Ferrer se especializó en personajes con una autoridad moral cuestionable o un cinismo que cortaba como un bisturí.
David Lynch vio algo en él en 1990. Le entregó el papel de Albert Rosenfield en Twin Peaks y Ferrer lo convirtió en un festival de ironía. Sus enfrentamientos dialécticos con el sheriff de la serie son piezas de estudio para cualquier guionista. Logró que un personaje antipático resultara magnético a través de frases cortas y una mirada de desprecio constante.
Fue un actor de carácter.
Y los directores de casting sabían que su presencia aportaba un peso específico que otros nombres más conocidos no podían replicar. En 1994 participó en Apocalipsis, la adaptación televisiva de Stephen King. Allí demostró que podía sostener el interés del espectador incluso rodeado de efectos especiales y maquillajes complejos. No buscaba el aplauso fácil.
Su garganta era una herramienta de precisión. En 1998 puso voz al villano Shan Yu en la película de Disney Mulan. Logró una amenaza que todavía hoy resulta inquietante para el público infantil. Porque su voz no necesitaba gritar para imponer respeto. Era una mezcla de terciopelo y lija que funcionó igual de bien en videojuegos como Halo 2 en 2004.
Compaginó el doblaje con series de largo recorrido como Crossing Jordan, donde trabajó entre 2001 y 2007. Pero su compromiso más largo llegó en 2012 con la producción NCIS: Los Angeles. Interpretó a Owen Granger durante 115 episodios mientras su salud empezaba a flaquear de forma evidente para el equipo de rodaje.
Rodó sus últimas escenas para el regreso de Twin Peaks en 2017 poco antes de su fallecimiento. David Lynch le dedicó el estreno de la temporada en un gesto de respeto profesional poco común en la industria. Ferrer nunca dejó de trabajar a pesar de las complicaciones físicas que sufrió en sus últimos meses de vida.
Murió el 19 de enero de 2017 a causa de un cáncer de garganta a los 61 años.
Cosas que posiblemente no sabías de Miguel Ferrer




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