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Mike Newell nació en St Albans durante el invierno de 1942 y nunca tuvo la intención de inventar un lenguaje visual nuevo. Entró en la televisión británica a través de un programa de formación en Granada TV cuando el medio todavía era en blanco y negro. Allí aprendió que un director es, por encima de todo, un gestor de egos y de tiempos de entrega.
Rodó episodios de Coronation Street y se curtió en el drama social de la pequeña pantalla antes de dar el salto al cine. Su formación académica en Cambridge le dio herramientas intelectuales pero la televisión le enseñó a no perder el tiempo en el set. Ahorrar dinero a los productores fue su mejor carta de presentación durante décadas.
Y esa eficiencia le permitió sobrevivir a la transición de los setenta a los ochenta.
En 1985 estrenó Bailar con un extraño. La película exploraba la ejecución de Ruth Ellis y sirvió para que la industria se fijara en su capacidad para dirigir actores en situaciones de asfixia emocional. Pero Newell no buscaba la gloria de los festivales. Él quería trabajar de forma constante y sin demasiadas pretensiones artísticas.
Nadie en Londres esperaba que una comedia sobre gente de clase media yendo a eventos sociales fuera a reventar la taquilla global. En 1994 dirigió Cuatro bodas y un funeral con un presupuesto que apenas alcanzaba los tres millones de libras. El guion de Richard Curtis era sólido pero Newell le aportó un ritmo seco que evitaba el exceso de azúcar.
La cinta recaudó más de 240 millones de dólares en todo el mundo.
Aquel éxito lo sacó de las islas y lo llevó directo a los despachos de Hollywood. Pero Newell no se dejó deslumbrar por las propuestas de superhéroes o acción frenética. Prefirió rodar Donnie Brasco en 1997 porque le interesaba la relación de sumisión y lealtad entre un infiltrado y un mafioso cansado. Al Pacino y Johnny Depp entregaron interpretaciones contenidas bajo su mando.
Porque Newell siempre ha sido un director de actores disfrazado de artesano comercial.
Su llegada a la franquicia de Harry Potter en 2005 supuso un cambio de escala absoluto. Fue el primer director británico de la saga y se encargó de Harry Potter y el cáliz de fuego. Manejó un presupuesto de 150 millones de dólares con la misma frialdad con la que rodaba dramas televisivos en los sesenta. Fue la película más taquillera de aquel año y demostró que podía controlar producciones masivas sin perder el control del set.
No todo fueron aciertos financieros en su etapa americana. En 2010 se puso al frente de Prince of Persia: Las arenas del tiempo. La producción de Disney y Jerry Bruckheimer costó 200 millones de dólares y el resultado fue una obra impersonal que no convenció ni a los jugadores del videojuego ni a la crítica especializada.
Aquel proyecto fue un recordatorio de los peligros de la industria de los blockbusters.
A pesar del tropiezo volvió a refugiarse en los clásicos. En 2012 estrenó una nueva adaptación de Grandes esperanzas de Charles Dickens. La película pasó por los cines sin hacer mucho ruido pero recuperó esa atmósfera británica que Newell domina por instinto. En 2018 dirigió La sociedad literaria y el pastel de piel de patata para cerrar un ciclo de historias de época con un tono amable.
En 2022 se anunció su implicación en el proyecto The Last Train to Christmas para televisión pero su ritmo de producción ha bajado drásticamente. Newell ha cumplido los 82 años y su nombre ya no aparece en las listas de directores más buscados para las grandes franquicias de streaming. Su última gran producción recaudó menos de la mitad de lo esperado en el mercado doméstico estadounidense.
Cosas que posiblemente no sabías de Mike Newell




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