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Norman Taurog ganó su primer y único Oscar antes de cumplir los treinta y dos años. Lo hizo en 1931 con la película Skippy. Aquel hito le permitió ostentar el récord de precocidad en la categoría de dirección durante más de ocho décadas (el cineasta Damien Chazelle se lo arrebató en 2017). Pero a Taurog nunca le interesó la mística del autor atormentado porque prefería la seguridad del artesano.
Su formación comenzó en los escenarios del vodevil cuando apenas era un niño. Esa experiencia temprana le dio una ventaja competitiva en los rodajes con menores. Sabía cómo hablarles y cómo extraer interpretaciones naturales sin romper el ritmo de producción. En 1931 tuvo que dirigir a su propio sobrino, Jackie Cooper, en el rodaje que le daría la estatuilla dorada.
No era un visionario del lenguaje visual sino un experto en la gestión de egos.
Durante los años treinta y cuarenta se convirtió en el director de confianza para los grandes estudios que buscaban rentabilidad inmediata. Trabajó con las figuras más potentes de la Metro-Goldwyn-Mayer. En 1938 dirigió Forja de hombres y consiguió que la química entre Spencer Tracy y Mickey Rooney llenara las salas de todo el país. El resultado fue una recaudación de dos millones de dólares de la época, una cifra que salvó el balance anual del estudio.
Taurog no perdía el tiempo en florituras técnicas. Su estilo se basaba en una planificación invisible donde la cámara siempre estaba al servicio del diálogo. Y esa rapidez le permitió rodar más de 170 películas a lo largo de su trayectoria. Pero su verdadera prueba de fuego llegó con la comedia musical y el cine de masas.
En 1950 dirigió Las tres campanas y empezó a especializarse en un cine ligero que no buscaba premios. Se sentía cómodo en la estructura de los grandes estudios porque entendía el cine como una industria de entretenimiento puro. Así que cuando la televisión empezó a robar audiencia a la gran pantalla, Taurog se refugió en los proyectos que garantizaban colas en las taquillas de barrio.
Y la apuesta funcionó.
Su capacidad para manejar producciones complejas sin salirse del presupuesto le llevó a cruzarse con la pareja cómica del momento. Dirigió a Dean Martin y Jerry Lewis en cinco largometrajes, entre ellos ¡Vaya par de marinos! en 1952. Logró que la anarquía creativa de Lewis encajara en los tiempos de rodaje de la Paramount sin que el caos devorara la producción.
La relación profesional más estable de su carrera fue con Elvis Presley. Entre 1960 y 1968 Taurog dirigió nueve películas del cantante, empezando por G.I. Blues. Presley confiaba plenamente en él porque el director no intentaba convertirle en un actor de método. Se limitaba a rodar sus canciones con solvencia y a mantener un ambiente relajado en el set.
Pero el cine no perdona el desgaste físico.
En 1961 grabó Amor en Hawai y en 1964 repitió la fórmula del éxito con Cita en Las Vegas. Eran películas sencillas que funcionaban como videoclips de larga duración antes de que el concepto existiera. Taurog cerró su etapa con el Rey del Rock en 1968 tras completar Live a Little, Love a Little. Fue su último trabajo tras las cámaras.
Poco después de su jubilación empezó a perder la visión de forma irreversible debido a problemas de salud degenerativos. Pasó sus últimos años dedicado a labores administrativas en el gremio de directores y a la enseñanza cinematográfica. Falleció el 7 de abril de 1981 en Rancho Mirage, California. Tenía 82 años y 180 créditos como director registrados en su ficha profesional.
Cosas que posiblemente no sabías de Norman Taurog
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Película
Sí mismo/a - Director (archive sound)
25/02/2004


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02/01/2003


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Sí mismo/a material archivo (sin crédito)
03/04/1981


Película
15/11/1934


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Bit Part (sin crédito)
28/03/1920
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