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Oskar Werner no era un actor fácil de domesticar. En 1941 ya formaba parte del Burgtheater de Viena y su talento era tan evidente como su arrogancia. Pero la guerra lo cambió todo antes de que pudiera disfrutar de las tablas.
La Segunda Guerra Mundial lo obligó a vestir el uniforme de la Wehrmacht. Werner era un pacifista convencido que detestaba el nazismo desde las entrañas. Fingió una sordera crónica para no tener que disparar un arma y terminó desertando en 1945.
Se escondió en un bosque con su familia hasta que terminó el horror.
Aquella experiencia forjó un carácter huraño y una ética profesional casi suicida. En 1951 firmó un contrato con la Fox en Hollywood pero aquello duró poco. No soportaba que los estudios decidieran qué guiones debía leer y qué ropa debía ponerse para las fotos promocionales.
Así que regresó a Europa para trabajar con los mejores sin vender su alma al sistema de estudios. François Truffaut lo descubrió años después y quedó fascinado por su aire de fragilidad intelectual. En 1962 protagonizó Jules et Jim y el público internacional descubrió a un intérprete que no necesitaba gritar para dominar la pantalla.
Su relación con el cine francés fue su mayor gloria y su tumba profesional. En 1965 recibió una nominación al Oscar por Ship of Fools y parecía que el mundo estaba a sus pies. Pero Werner despreciaba el brillo de las galas y prefería refugiarse en su casa de Liechtenstein con una botella de vino.
El rodaje de Fahrenheit 451 en 1966 dinamitó su amistad con Truffaut para siempre. Werner decidió sabotear su propia actuación cortándose el pelo a mitad de la producción para fastidiar la continuidad de las escenas. Quería llevar la contraria al director en cada plano.
El ego pudo más que la amistad.
Y aquel conflicto lo marcó de forma definitiva. Los directores empezaron a temer sus ataques de ira y su exigencia desmedida sobre el texto. Porque para él el teatro era una religión y el cine un trámite que a menudo le resultaba vulgar.
En 1970 fundó su propio festival de teatro en Wachau. Fue una apuesta personal que terminó en un desastre financiero absoluto porque nadie quería trabajar con un hombre que trataba a sus compañeros como si fueran aficionados. La industria empezó a darle la espalda de forma sistemática.
Sus últimos años fueron una espiral de proyectos fallidos y lecturas de poesía en salas medio vacías. Rechazó papeles en grandes producciones porque el guion no cumplía sus estándares morales o artísticos. En 1975 aceptó un papel secundario en un episodio de la serie Columbo titulado Playback.
Fue su última aparición relevante en la pantalla pequeña.
La prensa de la época hablaba de su declive físico y de cómo el alcohol había endurecido sus facciones. En 1983 intentó organizar un homenaje a Mozart en Viena que terminó en una cancelación bochornosa. Ya no quedaba rastro del joven rubio que había enamorado a la crítica en los años sesenta.
El 23 de octubre de 1984 sufrió un ataque al corazón en un hotel de Marburgo mientras preparaba una lectura pública. Tenía 61 años. Su cuerpo fue enterrado en el pequeño cementerio de Triesen en Liechtenstein bajo una lápida sencilla que no menciona sus películas.
Cosas que posiblemente no sabías de Oskar Werner
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Película
Professor Egon Kreisler
22/12/1976


Película
Wehrmacht Officer (sin crédito)
17/10/1974


Película
Fr. David Telemond
14/11/1968


Película
Stefan Zelter
01/05/1968


Película
Guy Montag
07/09/1966


Película
Fiedler
16/12/1965


Película
Dr. Schumann
29/07/1965


Película
Der Mann (Stimme)
26/04/1963


Película
Jules
23/01/1962


Película
Judas
19/11/1958


TV
Sí mismo/a
03/05/1957
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