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Paul Brown nació en Parkersburg en 1928. No era el típico actor de método que buscaba la aprobación constante de la crítica neoyorquina. Antes de pisar un escenario se ganaba la vida dibujando tiras cómicas en Virginia Occidental. Pero el dibujo se le quedó corto y decidió probar suerte en la interpretación tras descubrir que tenía un don natural para la réplica rápida.
Se mudó a Nueva York y allí coincidió con Mike Nichols y Elaine May. Aquella etapa en el grupo Second City definió su estilo seco y directo. Porque Dooley nunca necesitó aspavientos para robar una escena. Su humor venía de una sobriedad casi cortante que incomodaba y hacía reír a partes iguales.
En 1971 co-creó The Electric Company para la televisión pública.
Aquello fue un experimento educativo que funcionó durante años. Pero el cine comercial todavía no sabía qué hacer con un tipo que parecía más un contable que una estrella de Hollywood. Hasta que llegó 1979 y todo cambió con una bicicleta y una familia de clase obrera en Indiana.
Peter Yates le dio el papel de su vida en Breaking Away. Interpretaba a un vendedor de coches usados que no entendía por qué su hijo quería ser ciclista italiano. Aquel papel le valió el premio de la National Society of Film Critics y fijó su imagen pública para siempre. Fue el inicio de una racha donde interpretó a progenitores superados por las circunstancias.
Y entonces apareció John Hughes.
En 1984 rodó Sixteen Candles. Su escena con Molly Ringwald en la cocina es uno de los momentos más honestos del cine juvenil de la década de los ochenta. Dooley aportaba una humanidad que el guion apenas esbozaba. No juzgaba a sus personajes. Simplemente los habitaba con una mezcla de cansancio y ternura que el público reconoció de inmediato.
Robert Altman también se fijó en él. El director lo llamó para A Wedding y más tarde para interpretar a Wimpy en la versión de Popeye de 1980. Aquel rodaje en Malta fue un caos logístico absoluto. Pero Dooley mantuvo el tipo comiendo hamburguesas frente a un Robin Williams desatado.
La industria suele jubilar a los secundarios cuando pasan de los sesenta años. Con Dooley ocurrió lo contrario. En 1999 participó en Runaway Bride y poco después se metió en la cabina de doblaje para dar voz a Sarge en la franquicia Cars de Pixar. Su voz se convirtió en un activo financiero que le permitió seleccionar proyectos con una libertad envidiable.
Publicó sus memorias bajo el título Movie Dad en 2022.
En ese libro relata cómo sobrevivió a décadas de cambios en los grandes estudios sin perder los nervios. En 2023 apareció en la película 80 for Brady demostrando que su capacidad para la comedia física seguía intacta a los noventa y cinco años. No hubo grandes homenajes ni alfombras rojas especiales para él aquel año.
Dooley cerró su participación en el rodaje de The Grotto con una jornada técnica de ocho horas. Suma más de 200 créditos oficiales en su ficha de la Screen Actors Guild desde su debut profesional.
Cosas que posiblemente no sabías de Paul Dooley




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