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Paul Koslo tenía una cara que invitaba a la sospecha. No era el galán que salvaba a la chica sino el tipo que te vendía información falsa en un callejón oscuro o el mutante que te perseguía con una antorcha. Su físico, seco y de mirada afilada, encajó a la perfección en un Hollywood que durante los años setenta buscaba realismo y suciedad por encima del brillo de las estrellas clásicas.
Nació en Alemania en 1944 pero se crió en Canadá. Allí empezó a forjar un carácter interpretativo que le permitió saltar de la televisión al cine de género sin apenas esfuerzo. Su debut real ocurrió a finales de los sesenta y pronto quedó claro que su lugar estaba en los márgenes del plano.
No buscaba el aplauso del público masivo.
En 1971 interpretó a Dutch en The Omega Man. Aquella película de ciencia ficción apocalíptica lo puso en el radar de los directores que necesitaban secundarios con presencia. Compartió set con Charlton Heston y no se dejó amedrentar por la sombra del gigante. Porque Koslo entendía que un buen villano o un aliado turbio necesita más silencios que gritos.
Durante esa década se convirtió en un rostro habitual del western moderno y el cine de acción más crudo. Trabajó en Joe Kidd en 1972 bajo las órdenes de John Sturges y junto a Clint Eastwood. En esa cinta comprobó que podía aguantar el tipo frente a los iconos más grandes de la industria sin perder su esencia de actor de carácter.
Y es que su carrera se construyó a base de personajes que rara vez sobrevivían hasta los créditos finales.
En 1975 participó en The Drowning Pool con Paul Newman. Así que para mediados de los setenta ya era un nombre respetado entre los directores de casting que buscaban una amenaza tangible. Cobró 15.000 dólares por algunos de esos papeles secundarios, una cifra competitiva para un actor que apenas aparecía veinte minutos en pantalla.
Pero el cine empezó a cambiar en los ochenta.
La industria se volvió más blanca y menos cínica. Koslo se refugió en la pequeña pantalla donde participó en series como The A-Team o Knight Rider. No le importaba el formato mientras hubiera un personaje con aristas que pulir. En 1980 rodó Heaven’s Gate, el desastre financiero de Michael Cimino que hundió a la United Artists, donde interpretó al alcalde Charlie Lezak.
A partir de los noventa su ritmo de trabajo bajó en la gran pantalla pero mantuvo la intensidad en los hogares de medio mundo. Apareció en episodios de The X-Files en 1998 y en Stargate SG-1 en 1999. Eran intervenciones cortas donde su voz, cada vez más rasgada, seguía imponiendo respeto a los nuevos protagonistas de la era digital.
Su última aparición acreditada en el cine fue en 2004 con la película Vanity.
Decidió alejarse de los focos para vivir una jubilación tranquila lejos de las alfombras rojas que nunca pisó demasiado. Paul Koslo murió el 9 de enero de 2019 en su casa de Lake Hughes, California. El cáncer de páncreas terminó con la vida de un actor que participó en más de cien producciones.
Su certificado de defunción registró los 74 años de edad en el momento del fallecimiento.
Cosas que posiblemente no sabías de Paul Koslo




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