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Rob Schneider empezó haciendo monólogos en locales de San Francisco mientras todavía iba al instituto. No tenía contactos en la industria pero sí una capacidad extraña para deformar la cara y las cuerdas vocales. En 1987 tuvo su primera oportunidad real al aparecer en un especial de jóvenes cómicos en la cadena HBO.
En 1988 consiguió un hueco como guionista en Saturday Night Live. Tardó poco en saltar delante de la cámara porque su personaje del oficinista que repetía nombres de forma irritante caló hondo en la audiencia. Y esa fue su primera gran victoria profesional.
Adam Sandler lo reclutó pronto para su círculo de confianza. Esta alianza le permitió encadenar papeles secundarios en comedias que reventaron la taquilla de los años noventa. Pero Schneider quería volar solo y probar si su nombre podía sostener un cartel por sí mismo.
En 1999 protagonizó Deuce Bigalow: Male Gigolo. La crítica especializada la destrozó con saña. El público por el contrario respondió llenando las salas y dejando 92 millones de dólares en la caja mundial.
Funcionó.
En 2001 estrenó The Animal y un año después The Hot Chick. Su fórmula era sencilla. Se basaba en el humor físico extremo y en situaciones de intercambio de cuerpos o identidades que rozaban lo absurdo. El presupuesto de estas cintas era bajo y el retorno económico resultaba siempre masivo.
Los premios Razzie lo nominaron de forma recurrente durante toda esa década. Schneider nunca pidió perdón por su estilo ni por buscar la risa fácil del adolescente medio. En 2005 la tensión con la prensa llegó al límite cuando pagó anuncios a página completa en periódicos para atacar a críticos que se burlaban de su trabajo.
Y la apuesta le salió cara en términos de prestigio.
Porque la industria empezó a mirarlo como un producto de otra época. A medida que el humor en el cine se volvía más sofisticado o cínico Schneider se quedaba anclado en los ruidos corporales y los disfraces de prótesis. En 2007 intentó dirigir con Big Stan pero la cinta pasó sin pena ni gloria por los cines estadounidenses.
Con el cambio de década el cine de gran presupuesto le cerró las puertas de forma definitiva. Schneider se refugió entonces en la producción independiente y en el circuito de monólogos que lo vio nacer. En 2012 produjo y protagonizó la serie Rob y en 2015 lanzó Real Rob para la plataforma Netflix.
El dinero ya no venía de Hollywood.
En 2022 dirigió y protagonizó Daddy Daughter Trip. Es un proyecto de corte familiar que rodó junto a su propia hija en localizaciones de Arizona. Un año después en 2023 prestó su voz para la cinta de animación Leo producida por la empresa de su amigo Adam Sandler.
Schneider vive alejado del bullicio de Los Ángeles desde hace años. Su perfil público se ha vuelto más político y polémico debido a sus declaraciones en redes sociales sobre temas sanitarios y sociales. En 2024 mantiene una gira constante de comedia en vivo por teatros de tamaño medio en Estados Unidos con entradas que oscilan entre los 45 y los 80 dólares.
Cosas que posiblemente no sabías de Rob Schneider




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