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Robert Montgomery no nació para ser pobre pero el suicidio de su padre y el crack del 29 le obligaron a buscarse la vida en Nueva York. Tenía un aspecto impecable y una mandíbula tallada para la alta comedia. Así que terminó en la Metro-Goldwyn-Mayer interpretando a tipos con esmoquin que bebían Martini mientras soltaban frases ingeniosas.
Ganaba una fortuna y las espectadoras llenaban las salas para verle sonreír junto a Norma Shearer en Private Lives. Pero Montgomery detestaba esa imagen de niño bien que el estudio le obligaba a proyectar en cada contrato. Él quería sangre, mugre y personajes que no resultaran agradables al público de la época.
En 1937 amenazó con romper su exclusividad si no le dejaban protagonizar Night Must Fall. El papel era el de un asesino psicópata que guardaba la cabeza de su víctima en una sombrerera. Los directivos de la MGM pensaron que aquello destruiría su carrera comercial para siempre.
Fue una decisión suicida para cualquier otra estrella de la época.
La película resultó ser un éxito de crítica y le valió su primera nominación al Oscar. Montgomery demostró que bajo su apariencia de dandi habitaba un actor capaz de incomodar al espectador con una sola mirada gélida. Y ese fue el momento exacto en el que dejó de ser una marioneta del estudio para empezar a dictar sus propias reglas de juego.
Tras servir en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial volvió a Hollywood con una idea fija en la cabeza. Quería dirigir y quería hacerlo de una forma que nadie se hubiese atrevido a intentar en el cine comercial. En 1947 rodó Lady in the Lake, una adaptación de Raymond Chandler donde la cámara era, literalmente, los ojos del protagonista.
El espectador solo veía lo que el detective Marlowe veía. La cara de Montgomery apenas aparecía reflejada en algún espejo o durante los créditos iniciales. Fue una apuesta técnica radical que prescindía del magnetismo físico del actor para centrarse exclusivamente en la narrativa visual.
La crítica no fue amable con el experimento y el público se mareó en las salas de cine. Pero hoy ese trabajo se estudia en las escuelas de dirección por su audacia técnica y su negativa a seguir las normas del lenguaje cinematográfico convencional. Montgomery no buscaba el aplauso fácil sino forzar los límites de lo que una lente podía contar.
Poco después dirigió Ride the Pink Horse en 1947. En esta ocasión optó por un estilo de cine negro mucho más seco y violento, ambientado en Nuevo México. La película se alejaba del glamour de Los Ángeles para mostrar una frontera polvorienta y corrupta que pocos directores se atrevían a retratar con tanta crudeza.
Su influencia se extendió mucho más allá de las cámaras de 35 milímetros. Montgomery presidió el Sindicato de Actores en dos periodos distintos y se enfrentó a las mafias que intentaban controlar los presupuestos de producción en California. Era un hombre de orden, con ideas políticas conservadoras muy marcadas que le llevaron a un destino inesperado.
En 1954 se convirtió en el primer consultor de imagen televisiva para un presidente de los Estados Unidos. Dwight D. Eisenhower no sabía cómo mirar a cámara ni qué hacer con sus manos durante los discursos televisados. Montgomery le enseñó a maquillarse para las luces de los focos y a manejar los tiempos del teleprónter.
Eisenhower confiaba ciegamente en su criterio estético.
Gracias a su asesoría el presidente mejoró su conexión con los votantes a través de la pequeña pantalla. Montgomery entendió antes que nadie que la política moderna iba a ser, fundamentalmente, una cuestión de puesta en escena y lenguaje audiovisual. Diseñó la imagen pública del hombre más poderoso del mundo como si fuera el protagonista de un drama de máxima audiencia.
Su carrera frente a las cámaras fue apagándose mientras su interés por la producción televisiva y la consultoría crecía. En 1960 produjo la película The Gallant Hours, un biopic sobre el almirante Halsey que destacaba por su ausencia total de escenas de batalla. Prefería centrarse en la psicología del mando y en la soledad de quien debe tomar decisiones de vida o muerte.
Robert Montgomery murió en Nueva York el 27 de septiembre de 1981 a causa de un cáncer de colon. Tenía 77 años y dejó tras de sí una filmografía de más de 60 títulos como actor y una decena de proyectos como director de producción. Sus restos fueron incinerados y las cenizas entregadas a su familia sin grandes ceremonias públicas.
Cosas que posiblemente no sabías de Robert Montgomery




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