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Rudolph Maté puso la cámara a escasos centímetros del rostro de Renée Falconetti en 1928. El resultado fue La pasión de Juana de Arco y aquel experimento cambió la gramática del primer plano para siempre. Trabajó con una emulsión de película pancromática que permitía captar cada poro y cada lágrima sin necesidad de maquillaje.
Maté nació en Cracovia bajo el nombre de Rudolf Mayer. Antes de llegar a las colinas de Los Ángeles trabajó en Hungría, Austria y Francia buscando una luz que no existía en los manuales de la época. Su formación centroeuropea le dio una ventaja competitiva basada en el control absoluto de las sombras.
Fue el cómplice necesario de Carl Theodor Dreyer.
En 1932 volvió a colaborar con el director danés en Vampyr. Para conseguir aquella atmósfera onírica y blanquecina Maté utilizó una gasa delante del objetivo que difuminaba los contornos. No buscaba la nitidez sino una textura que recordara a las pesadillas de la vigilia.
Su llegada a Estados Unidos a mediados de los años 30 no fue un camino de rosas. Pero su capacidad para entender el claroscuro le permitió trabajar con Alfred Hitchcock en Enviado especial durante 1940. La escena del paraguas en la lluvia sigue siendo un referente técnico por el uso de la luz artificial en condiciones de humedad extrema.
Logró cinco candidaturas consecutivas al Oscar como director de fotografía entre 1941 y 1945. Ninguna estatuilla llegó a sus manos a pesar de que su trabajo en Gilda definió la estética del cine negro de esa década. La forma en que iluminaba a Rita Hayworth rozaba la obsesión técnica.
Y la apuesta por el brillo extremo funcionó.
En el rodaje de Gilda en 1946 Maté utilizó filtros y una iluminación lateral que convertía el pelo de la actriz en una fuente de luz propia. Aquel truco visual sostenía gran parte del magnetismo de la película dirigida por Charles Vidor. Consiguió que el blanco y negro tuviera más matices que el color de muchas producciones contemporáneas.
Maté decidió que ya no quería recibir órdenes sobre dónde poner el foco. En 1947 debutó en la dirección con La culpa de Janet Ames pero su verdadero golpe de autoridad llegó dos años después. Quería demostrar que un técnico también podía manejar actores y tiempos narrativos.
Rodó Con las horas contadas en 1949 con un presupuesto ajustado y una premisa angustiosa. La historia de un hombre que busca a su propio asesino antes de morir por un veneno lento es hoy un título fundamental del género. La película costó menos de medio millón de dólares y recuperó la inversión en apenas unas semanas.
Pero el éxito en la dirección fue irregular.
Pasó de la ciencia ficción visualmente potente de Cuando los mundos chocan en 1951 a películas de aventuras mucho más convencionales. Así que su prestigio empezó a diluirse entre encargos de serie B y proyectos alimenticios. En 1962 dirigió El león de Esparta en Grecia con un despliegue de extras que agotó gran parte de los recursos de la producción.
Murió en Beverly Hills en 1964 a causa de un infarto de miocardio fulminante a los 66 años. Su última película como director fue Aliki My Love, una coproducción entre Estados Unidos y Grecia que fracasó en taquilla durante 1963.
Cosas que posiblemente no sabías de Rudolph Maté




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Película
Sí mismo/a
29/01/1953
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