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Rudyard Kipling recibió el Premio Nobel de Literatura en 1907. En aquel momento **tenía solo 42 años** y todavía hoy mantiene el récord de precocidad para ese galardón. El comité sueco premió una capacidad de observación y una originalidad narrativa que habían sacudido las letras inglesas desde finales del siglo diecinueve.
Nacer en Bombay lo cambió todo.
Su infancia en la India británica no fue un simple decorado para sus cuentos. Fue su lengua materna. A los seis años lo enviaron a Inglaterra para estudiar en una casa de acogida donde sufrió humillaciones y maltratos constantes. Esa soledad forjó el carácter de un autor que siempre se sintió un extraño tanto en la metrópoli como en las colonias.
En 1882 regresó a la India para trabajar como periodista en el *Civil and Military Gazette* de Lahore. Allí aprendió a escribir bajo presión y a observar la burocracia imperial con una mezcla de admiración y cinismo. Sus relatos cortos empezaron a publicarse en ediciones baratas que los soldados leían en los trayectos de tren por el Punyab.
En 1894 publicó *El libro de la selva*. La historia de Mowgli no era solo un cuento infantil sino una reflexión profunda sobre la **ley y el orden** en un entorno salvaje. La industria del cine explotaría este universo décadas después con la versión animada de 1967 y la adaptación fotorrealista de 2016.
Pero Kipling no buscaba la fantasía pura.
Escribía para entender el funcionamiento del poder y la resistencia del individuo frente a la naturaleza. Sus poemas y crónicas capturaban el polvo de los caminos y el sudor de los regimientos. Y esa capacidad para retratar la vida técnica de los hombres le otorgó una autoridad que pocos escritores han vuelto a alcanzar.
Su vida personal estuvo marcada por el luto y el silencio. En 1899 perdió a su hija Josephine por una neumonía durante un viaje a Nueva York. Y en 1915 su hijo John desapareció en la batalla de Loos durante la Primera Guerra Mundial tras haber sido alistado gracias a las influencias de su padre. Aquella pérdida destruyó su fe en el progreso.
Su poema *If* se recita hoy como un manual de **autoayuda masculina** aunque él probablemente habría detestado esa etiqueta. En 1901 publicó *Kim*, que para muchos críticos es su obra maestra absoluta. Es una novela de espionaje que captura la esencia del Gran Juego entre Rusia y Gran Bretaña en Asia Central.
La fama le resultó pesada.
Rechazó el título de Caballero y la Orden del Mérito en varias ocasiones porque prefería mantener su independencia como observador. El cine ha tenido una relación compleja con su legado político pero muy fructífera con su narrativa. En 1975 John Huston dirigió *El hombre que pudo reinar*, una película que captó perfectamente la **ambición y el patetismo** de sus personajes.
A menudo se le describe como el poeta del imperialismo. Es cierto que defendió la expansión británica con una convicción que hoy resulta incómoda para muchos lectores. Pero sus textos esconden una ambigüedad técnica y una crueldad descriptiva que superan cualquier panfleto político. Kipling murió el 18 de enero de 1936 en Londres debido a una úlcera perforada.
Sus cenizas descansan en la Abadía de Westminster. Ningún otro escritor en lengua inglesa ha vendido tantos ejemplares de un solo libro de relatos como él durante el **siglo veinte**.
Cosas que posiblemente no sabías de Rudyard Kipling
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Película
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02/03/2023
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