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Sabrina Ferilli fue rechazada por el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma. Los examinadores no vieron nada especial en aquella chica de Fiano Romano que quería comerse el mundo. Pero ella decidió que la academia no iba a dictar su futuro.
Durante los años ochenta encadenó papeles minúsculos en películas que hoy nadie recuerda. Trabajaba mucho y cobraba poco. Porque en el cine italiano de la época la competencia era feroz y los estereotipos pesaban demasiado.
En 1994 Paolo Virzì le entregó el guion de La bella vita y todo encajó. Ganó el Nastro d’Argento a la mejor actriz protagonista. Aquella interpretación de una obrera en crisis demostró que Ferilli era mucho más que una cara bonita.
Aquel premio fue su primera victoria contra el sistema.
Su popularidad explotó de forma masiva a finales de la década. En 1999 protagonizó la serie Commesse y las audiencias fueron estratosféricas. La televisión le dio el cariño del gran público pero el cine seguía siendo su territorio de guerra.
El año 2000 fue un punto de no retorno en su imagen pública. Aceptó posar para el calendario de la revista Max y vendió más de un millón de ejemplares en los quioscos. Ninguna otra actriz italiana ha logrado repetir una cifra similar de ventas físicas.
En 2001 la Roma ganó la liga de fútbol y ella cumplió su promesa. Se quedó en bikini frente a cientos de miles de personas en el Circo Máximo. Aquel gesto la transformó en una especie de deidad popular para el pueblo romano.
El ruido mediático nunca logró apagar su instinto.
Pero esa etiqueta de sex symbol empezó a asfixiarla. Así que buscó refugio en proyectos que exigieran menos piel y más entrañas. Trabajó con directores como los hermanos Taviani en Tu ridi o con Antonello Grimaldi.
En 2013 Paolo Sorrentino la llamó para interpretar a Ramona en La grande bellezza. Su personaje era una stripper cansada y enferma que aportaba la única nota de humanidad real en una película llena de excesos. La crítica internacional se rindió a su sobriedad en pantalla.
Fue el regreso triunfal a la primera línea del cine europeo.
A partir de ahí seleccionó sus trabajos con una precisión casi quirúrgica. En 2015 rodó Io e lei junto a Margherita Buy. Interpretaban a una pareja de mujeres en una historia que evitaba los dramas manidos para centrarse en la cotidianidad.
Su relación con la política siempre ha sido pública y sin filtros. Se declara de izquierdas y nunca ha ocultado sus opiniones sobre la gestión de su país. Esa honestidad le ha costado críticas feroces pero también le ha dado una credibilidad que otras actrices no tienen.
En 2021 protagonizó la miniserie Svegliati amore mio sobre la contaminación industrial en Italia. La producción tuvo un impacto social tan fuerte que el gobierno tuvo que dar explicaciones sobre la situación de las acerías.
En 2024 volvió a trabajar con Paolo Virzì en Un altro ferragosto. La película se rodó en la isla de Ventotene con un presupuesto de producción estándar para el mercado italiano.
La cinta recaudó 1,7 millones de euros en sus primeras semanas en las salas.
Cosas que posiblemente no sabías de Sabrina Ferilli




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