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Samy Naceri no buscaba la fama cuando empezó a trabajar como figurante en los suburbios de París. Su rostro, marcado por una cicatriz que cuenta más historias que sus guiones, llamó la atención de Luc Besson durante el rodaje de Léon en 1994. El director buscaba a alguien que no pareciera un actor de conservatorio y le dio una oportunidad mínima.
Y lo encontró en este hijo de inmigrantes argelinos.
La explosión llegó con Taxi en 1998. La película vendió más de seis millones de entradas solo en Francia y convirtió a Naceri en la cara de una generación que no se veía reflejada en el cine de autor. Pero el éxito masivo trajo consigo una presión que el actor nunca supo gestionar fuera de los platos de rodaje.
Durante los años siguientes la saga de Taxi lo mantuvo en la cima de la taquilla europea. Naceri interpretaba a Daniel Morales, un repartidor de pizzas reconvertido en conductor temerario que ridiculizaba a la policía de Marsella. El público adoraba su chulería natural porque se sentía auténtica.
Pero la realidad empezó a mezclarse con la ficción de forma peligrosa.
Entre 2000 y 2003 el actor acumuló varias condenas por conducción temeraria y agresiones. La prensa francesa dejó de analizar sus interpretaciones para centrarse en sus ingresos en prisión. Porque Naceri no era un rebelde de diseño, era un hombre con un temperamento volcánico que chocaba constantemente con la autoridad.
El reconocimiento artístico serio le llegó en 2006 con Indigènes. En esta cinta sobre los soldados norteafricanos en la Segunda Guerra Mundial demostró que podía sostener un drama bélico con sobriedad. El Festival de Cannes le otorgó el premio a Mejor Actor de forma colectiva junto al resto del reparto masculino.
Parecía que su carrera tomaba un rumbo profesional diferente.
Fue un espejismo. En 2011 regresó a la cárcel tras un incidente con un arma blanca y su presencia en las grandes producciones de Francia se evaporó. Los directores empezaron a temer sus retrasos y sus estallidos emocionales durante las jornadas de trabajo. Así que el actor tuvo que buscar refugio en el cine independiente y en producciones fuera de su país de origen.
En 2018 se negó a participar en Taxi 5 porque consideró que el guion trataba su personaje sin el respeto que merecía la historia original. Prefirió centrarse en proyectos más pequeños como L’agent immobilier en 2020 o la película Medusa grabada en 2022. Su nombre ya no garantizaba presupuestos millonarios pero seguía manteniendo un magnetismo extraño ante la cámara.
Y la industria lo relegó al olvido comercial.
En 2024 participó en el rodaje de L’Épée de l’Ombre bajo la dirección de Frédéric Chau. A sus más de sesenta años mantiene el mismo brillo desafiante en la mirada que cuando conducía por las calles de Marsella. El contrato para esta producción incluyó cláusulas estrictas de comportamiento y un seguro de rodaje con una prima elevada debido a sus antecedentes penales.
La película cerró su fase de postproducción con un coste total de 4,2 millones de euros.
Cosas que posiblemente no sabías de Samy Naceri




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