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Scott Rudin empezó pegando carteles y haciendo recados para productores de teatro en Nueva York cuando solo tenía 16 años. No pasó por la universidad. Prefirió aprender el oficio en las oficinas de Robert Sommers, observando cómo se cerraban contratos y cómo se gestionaban los egos en Broadway.
En 1980 abrió su propia empresa de casting. Trabajó en películas como Rescate en Nueva York o La sociedad de los poetas muertos porque tenía un ojo infalible para detectar el talento antes que los demás. Pero Rudin quería más control sobre el producto final.
A los 29 años fue nombrado presidente de producción en Paramount Pictures. Fue una etapa corta. Dimitió pronto para fundar Scott Rudin Productions en 1990 y firmar un acuerdo de exclusividad con la misma major. Su primera gran apuesta en solitario fue La familia Addams en 1991.
Y la jugada le salió bien.
A partir de ese momento Rudin se especializó en comprar derechos de libros difíciles de adaptar. Se rodeó de directores con una visión muy específica y poco comercial sobre el papel. Su nombre empezó a aparecer en los créditos de El show de Truman y Las horas. En 2008 ganó el Oscar a mejor película por No es país para viejos.
Rudin es uno de los pocos profesionales que forman parte del club EGOT. Ha ganado el Emmy, el Grammy, el Oscar y el Tony. En Broadway su dominio fue absoluto durante décadas con éxitos como The Book of Mormon o el regreso de Hello, Dolly! en 2017.
Nadie en Nueva York acumulaba tanto peso en las dos orillas del negocio.
Pero el éxito tenía un reverso oscuro que todo el mundo en la industria conocía y callaba. Su carácter volátil le valió apodos como el dictador de la calle 54. Los asistentes que trabajaban para él duraban semanas. Porque el ritmo de trabajo era insoportable y el maltrato verbal era una herramienta de gestión diaria en sus oficinas.
En abril de 2021 el medio The Hollywood Reporter publicó un reportaje extenso sobre su comportamiento abusivo. Varios exasistentes detallaron incidentes violentos que incluían el lanzamiento de grapadoras y monitores de ordenador contra los empleados. La presión social obligó al productor a dar un paso atrás.
Tras el escándalo se apartó de sus proyectos activos en cine y teatro. Dejó de formar parte de la junta de la Broadway League y renunció a su participación en las producciones de A24. El sistema que lo había protegido durante cuarenta años le dio la espalda en cuestión de días.
Y el silencio se hizo oficial.
A pesar de su salida forzosa su influencia técnica en el cine de autor de las últimas décadas es innegable. Trabajó de forma constante con Wes Anderson en Moonrise Kingdom y con Aaron Sorkin en La red social. Consiguió 151 nominaciones al Oscar con sus producciones.
En 2021 dejó de figurar como productor en los créditos de The Tragedy of Macbeth y Men. Sus oficinas en Manhattan cerraron y su nombre desapareció de las marquesinas de los teatros que antes controlaba. El recuento final de su carrera se detuvo en 17 premios Tony.
Cosas que posiblemente no sabías de Scott Rudin
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Sí mismo/a
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