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Susan Alexandra Weaver decidió llamarse Sigourney a los catorce años. Lo sacó de un personaje secundario de El gran Gatsby porque medía casi un metro ochenta y sentía que necesitaba un nombre con más peso. En la escuela de arte dramático de Yale le dijeron que no tenía talento. Sus profesores estaban convencidos de que pasaría su vida haciendo teatro regional sin pisar un plató de cine.
Y se equivocaron por completo.
Ridley Scott la encontró para Alien, el octavo pasajero en 1979. Cobró 30.000 dólares por enfrentarse a un monstruo de látex en un rodaje asfixiante que casi nadie en el estudio entendía. Aquella película rompió los esquemas del terror espacial. Pero ella nunca quiso ser solo una heroína de acción con una linterna en la mano.
En 1984 aceptó participar en Cazafantasmas porque quería demostrar que podía manejar la comedia física. Fue una decisión de gestión de carrera. Weaver siempre ha preferido el control del personaje a la pirotecnia del guion. Esa inteligencia para elegir proyectos la salvó de quedar encasillada en el género fantástico durante la década de los ochenta.
En 1988 consiguió un hito que todavía hoy se estudia en las escuelas de interpretación. Recibió dos nominaciones al Oscar en la misma edición. Una fue por interpretar a Dian Fossey en Gorilas en la niebla y la otra por su papel de jefa tiránica en Armas de mujer. No ganó ninguna de las dos estatuillas aquella noche.
Pero el respeto de la industria cambió para siempre.
Durante los años noventa su carrera entró en una fase de riesgo constante. Trabajó con Roman Polanski en La muerte y la doncella en 1994. Fue un rodaje tenso donde el director la llevó al límite emocional en cada toma. La crítica de la época no siempre fue amable con sus elecciones más arriesgadas en el cine independiente.
Porque Weaver nunca ha buscado la aprobación fácil del público masivo. Prefirió rodar La tormenta de hielo en 1997 bajo las órdenes de Ang Lee. En esa película interpretó a una mujer gélida y adúltera que reflejaba la decadencia de la clase media estadounidense. Fue uno de sus trabajos más sobrios y técnicos.
James Cameron la llamó para Avatar en 2009 tras décadas sin trabajar juntos. El proyecto tardó años en materializarse y terminó siendo la película con mayor recaudación de la historia. Weaver interpretó a la doctora Grace Augustine con una mezcla de cinismo y pasión científica que conectó con una nueva generación de espectadores.
La industria suele castigar a las actrices que superan los cincuenta años.
En su caso ocurrió lo contrario. En 2022 asumió el reto de interpretar a una adolescente de catorce años en Avatar: El sentido del agua mediante tecnología de captura de movimiento. Tenía setenta y tres años cuando grabó esas secuencias en tanques de agua gigantescos. Su capacidad física para el trabajo sigue asombrando a los técnicos de efectos visuales.
En 2024 recibió el León de Oro a la trayectoria en el Festival de Venecia. No fue un premio de jubilación. Weaver firmó ese mismo periodo para unirse al universo de Star Wars en la película The Mandalorian & Grogu con estreno fijado en 2026. También terminó de grabar el thriller The Gorge en 2025 bajo la dirección de Scott Derrickson.
Su salario en la cuarta entrega de la saga de los xenomorfos ascendió a 11 millones de dólares. Fue una cifra superior al presupuesto total de la primera película de la serie rodada en Londres.
Cosas que posiblemente no sabías de Sigourney Weaver




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