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Sônia Braga no planeaba ser el rostro de un país entero cuando empezó en la televisión brasileña a los catorce años. Pero su presencia física y esa forma de mirar a cámara rompieron cualquier esquema previo en la industria de Sudamérica. El público conectó con ella de inmediato porque no proyectaba la imagen de una estrella inalcanzable.
En 1975 interpretó a Gabriela en la adaptación televisiva de la novela de Jorge Amado. El impacto fue tan masivo que las calles se vaciaban para verla subirse a los tejados en la ficción. Aquella serie no solo la puso en el mapa sino que definió su carrera durante la siguiente década.
Nadie podía apartar los ojos de ella.
En 1976 protagonizó Doña Flor y sus dos maridos. Fue un fenómeno de taquilla que nadie vio venir en aquel momento. La película se mantuvo como la más vista en la historia de Brasil durante treinta y cinco años tras vender más de 10 millones de entradas. Braga consiguió que el cine brasileño se tomara en serio fuera de sus fronteras sin necesidad de imitar el estilo europeo.
El mercado estadounidense llamó a su puerta en 1985 con El beso de la mujer araña. En esta producción interpretó tres papeles distintos y compartió pantalla con William Hurt. El resultado fue una nominación al Globo de Oro que validó su capacidad para trabajar en inglés bajo una presión mediática asfixiante.
Y la apuesta funcionó.
Pero la industria de Los Ángeles intentó encasillarla rápidamente en el papel de latina exótica durante los años noventa. Ella rechazó muchos guiones que repetían el mismo esquema vacío. Así que empezó a alternar apariciones en series de televisión como Sex and the City o Alias con proyectos independientes que le interesaban de verdad.
En 1988 trabajó bajo las órdenes de Robert Redford en The Milagro Beanfield War. Fue una época de mucha exposición mediática en la que su vida personal llenaba las páginas de las revistas de sociedad. Sin embargo ella siempre mantuvo una distancia prudencial con el sistema de estudios tradicional para proteger su autonomía creativa.
El cineasta Kleber Mendonça Filho fue el encargado de devolverle el espacio que merecía en la pantalla grande. En 2016 rodaron Aquarius y el mundo volvió a recordar por qué Sônia Braga es una actriz irrepetible. Su personaje de Clara es una periodista jubilada que se enfrenta a una constructora corrupta en Recife con una dignidad feroz.
La crítica en Cannes se rindió ante ella.
En 2019 repitió con el mismo director en Bacurau. En esta cinta interpretó a Domingas, una doctora alcohólica en un pueblo que desaparece de los mapas satelitales. La película ganó el Premio del Jurado en Cannes y demostró que su capacidad para sostener planos largos seguía intacta.
En 2020 el periódico The New York Times la situó en el puesto número 24 de los mejores actores del siglo veintiuno. Este reconocimiento llegó tras décadas de trabajo silencioso y una negativa constante a pasar por el quirófano para cumplir con los estándares de belleza de la industria.
En 2024 participó en la película de terror The First Omen interpretando a Silvia. El rodaje se llevó a cabo principalmente en Roma bajo la dirección de Arkasha Stevenson con un presupuesto de 30 millones de dólares.
Cosas que posiblemente no sabías de Sônia Braga




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