El pasado 11 de enero, cuando dio comienzo la ceremonia de los Globos de Oro a las cinco de la tarde, todas las miradas se centraron en Nikki Glaser. La presentadora, que había brillado en su debut de 2025 y se había convertido en una de las cómicas más valoradas del país gracias a su agilidad y carisma, regresaba para conducir por segunda vez la gala. Sin embargo, el contexto estadounidense había cambiado radicalmente tras doce meses de la administración Trump.
Con temas candentes como las tensiones geopolíticas en Groenlandia e Irán, la crisis en Venezuela y las controvertidas operaciones de la policía migratoria que han generado protestas a nivel nacional, Glaser tenía material abundante para sus monólogos. No obstante, la humorista optó por mantenerse en territorio seguro: sonrió, volvió a bromear sobre Leonardo DiCaprio y la edad de sus parejas románticas, y aunque desplegó algunos chistes certeros —incluyendo uno sobre la cadena CBS y la calidad de sus informativos, y otro dirigido al «premio a la mejor edición para el Departamento de Justicia» en referencia a los documentos de Epstein—, apenas rozó la compleja realidad política del momento.
Esta aparente cautela de Glaser refleja un fenómeno más amplio en Hollywood durante este primer año del segundo mandato de Trump. Mientras la industria del entretenimiento tradicionalmente ha sido vocal en sus posiciones políticas, especialmente durante periodos de alta tensión social, se observa ahora un silencio notable por parte de muchas figuras prominentes del sector. Esta reticencia contrasta con la ebullición que vive la televisión estadounidense, donde los programas de actualidad y debate político registran audiencias récord y los presentadores de late-night shows mantienen un tono más combativo que nunca.
El contraste resulta llamativo: mientras que la pequeña pantalla arde con debates encendidos sobre inmigración, política exterior y derechos civiles, la gran industria cinematográfica parece haber adoptado una postura más reservada. ¿Se trata de una estrategia calculada o simplemente del resultado natural de un ambiente político cada vez más polarizado? La respuesta a esta pregunta podría definir el papel de Hollywood en el panorama cultural y político de los próximos años.
